Miradas mágicas

¿Qué es una mirada mágica?

Mejor explicarlo con una imagen:
Hace años vivía en una huerta y cada día iba a caminar hasta la orilla del río San Juan. Allí, sentada en una piedra, escribí un cuento sobre una perrita que peregrinaba por la vega del río con el propósito de encontrar el puente que le permitiera alcanzar la otra orilla. Ella había partido el mundo por la mitad: todas las desgracias estaban a este lado, y todo su afán estaba puesto en cruzar la línea separadora, con la confianza de que la felicidad la estuviese aguardando en la otra orilla.

Pues bien, viajé a Perú unos meses después y allá me sentaba cada día en una piedra, al lado de un afluente del río Urubamba. De pronto me di cuenta de que estaba en la otra orilla, porque las aguas fluían en dirección contraria a las del río San Juan.

Hacer esa asociación es un acto de magia, de Recapitulación, de comprensión profunda. La voz de lo concreto puede decir que esto es un absurdo: ¡Pues vaya tontería, si para cruzar un río de cinco metros tienes que dar un salto sobre el océano! Pero es que no es cruzar el río físico, ni una cuestión de distancias geográficas; es que se activó un espacio inédito del Ser donde, a otro nivel, también conviven los símbolos representados.

Lo has Visto, aunque no puedas explicarlo.

Cuando la visión traspasa la envoltura de la forma, la magia te muestra otros recorridos que no anduvieron tus pies. Otros significados que coexisten en el espacio que abarca una mirada.

Reencuentros

Sentada en el banco que hay frente a la biblioteca, donde haré la presentación del libro Los Ojos de la Noche, os veo llegar risueñas, con los brazos abiertos y el corazón en cada sonrisa.

¡Sí! ¡Cuántos pasos hemos dado en estos meses para finalmente encontrarnos en el mismo punto, con la mirada renovada!
Cada cual dio los suyos, cada una vivió su proceso particular.
Y sé que he crecido porque os veo crecidas.
Puedo ver a través de cada una de vosotras los aspectos que se han resuelto en mí.

Los ojos de la tarde miran los silencios que ya no pretenden explicar nada, sino sentir cada momento así como se va manifestando.
Habla el amor que rompe los esquemas;
el amor que encuentra su pálpito sereno dentro del esquema;
el amor que quiere cerrar un círculo de aprendizaje.
Giran los ciclos y el círculo se abre a nuevas relaciones que traen consigo otros enfoques.
Y bailan en la mirada las burbujas del cava, contoneándose las líneas de la geometría, invitándonos a celebrar…

Un nuevo guiño me hacen Los Ojos de la Noche, diciéndome algo así como:
quizá lo mágico de este libro no está tanto en lo escrito, sino en las páginas vivas que cada encuentro imprime en el corazón…

Día del Libro

Un libro, al igual que una criatura con destino propio, desea nacer, aunque bien es cierto que no todos contienen la fuerza necesaria para vivir más allá del escritor que lo soñó.
Sin embargo, lo que más debería determinar su existencia es que su lectura se convierta en revelación, que quien lea sus páginas ya no sea el mismo, o lo sea más de como antes lo era.
De no ser así, para poco sirve su conocimiento, pues el saber ocupa lugar, tanto que puede desplazar a la inteligencia, como una biblioteca al campo que florecía antes de sus cimientos.

¡Dejemos entonces nacer y vivir a esos libros que con sólo decir una palabra encienden la ilusión!

A los que expanden el aroma de rosales en sus páginas o el resplandor de girasoles despertando al amanecer.

A aquéllos que con sólo abrirlos nos sonríen, invitándonos a viajar por otros universos donde aún se mantiene viva la magia.

Pues hay historias que nos dan la mano y rompen nuestra soledad, soplando una sinfonía que cala en lo más profundo del alma.

Y el lector se vuelve loco de alegría, desterrando un destierro silencioso, cuando el sueño narrado por otra voz le despierta a un mundo que, aun ajeno, siente como suyo…

¡Permitamos que vivan libros así,
tan necesarios para el ser humano!

En presencia del amor

He descubierto que todo cuanto amamos en los demás se hace Presencia en nosotros mismos. Y, como ilustración de esto que cuento, diré que una vez me enamoré de un artista.
¡Sí! Puedo asegurar que su canto me encantó entonces. Y, aunque sigo desafinando, noto algo así como si todo mi discurso quisiera cantar, hacer música, declamar los rumores de siempre al son de un latido que los renueve.

En otra ocasión me enamoré de un elfo.
¡Sí! ¡Así como lo cuento! Y he visto cómo ha ido tomando realidad en mi vida un ser volátil, algo así como una nube liviana que no pretende cargar con el peso del mundo, sino ser lo que es, una simple nube. No siempre está ahí, claro, porque la solidez en la mirada no puede soportar la levedad del ser, ya que ésta viene a recordar cuántas cargas innecesarias he puesto en mis ojos.

Sin embargo, en el fondo de los fondos, todos quisiéramos ser ligeros, vivir sin llevar el peso del mundo en nuestros hombros, para no convertirnos en el mismo cansancio del mundo, para que si el acto de vivir ha de llevar cargas sean éstas las que la Presencia sostiene y abraza.

Puntos de Encuentro

Hay centros diseñados para que se dé el Encuentro desde la armonía y autenticidad inherentes al ser humano. Unos están todavía en la imaginación de quienes los sueñan, otros ya han tomado realidad, nombre y dirección en muchos puntos del mundo.

Son espacios donde la expresión de quienes los habitan (aunque sólo sea por un rato) deja en el ambiente una impronta con sabor a risas, con el bálsamo de confidencias compartidas, con un rumor a cantos que detonan sus significados en esa página que vamos escribiendo en el aire y en el corazón…

Así damos vida en el lugar, en lo concreto, a ese pálpito que nos recuerda el roce, la fragancia, los colores de un sentir olvidado en la noche de los tiempos. Y así se renueva en cada Encuentro el trazado de un Círculo que nos trasciende y del cual todos somos el centro…