LA LUCIÉRNAGA
La noche tendió su oscuro manto sobre el bosque. Era ésta la señal que esperaba nuestra amiga la luciérnaga para salir de su letargo y recorrer la espesura de la maleza. Pero esta vez se sentía distinta; su alborozado cuerpo vibraba incontrolablemente hasta que un haz de luz fosforescente la transformó por completo.
Encendida por su propia bioluminiscencia interna, la luciérnaga resultaba demasiado tentadora para los machos de su especie que pronto alzarían el vuelo en el intento de cubrir a la refulgente hembra. Sin embargo, tanta luz en medio de la oscuridad no pasó desapercibida para una siseante víbora que serpenteaba entre los matorrales cercanos.
Excitada, la serpiente empezó a perseguir a nuestra luminosa protagonista que, resistiéndose a tan cruel destino, intentó zafarse a la carrera, a sabiendas de que sus patitas no podían dar más de sí. Metro a metro, su depredador iba ganando terreno a una presa cada vez más exhausta, hasta que finalmente las fuerzas de la luciérnaga fallaron, habiendo de rendirse a la evidencia de una muerte segura.
Sin embargo, antes de que la serpiente pudiese aprisionarla en un abrazo mortal todavía tuvo tiempo de revolverse el gusano de luz para increparle con rabia:
• -¿Por qué, por qué yo? Maldita víbora, nunca te he hecho ningún mal. Ni siquiera pertenezco a tu cadena alimenticia. Entonces, ¿por qué quieres devorarme?
Y la serpiente respondió siseante:
• ¡Porque no soporto verte brillar!
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Sucedió que un joven estaba muy decepcionado de la vida. Su amargura absoluta era por la forma tan inhumana en que se comportaban todas las personas. Parecía que ya a nadie le importaba nadie.
Un día dando un paseo por el monte, vio sorprendido que una pequeña liebre le llevaba comida a un enorme tigre malherido que no podía valerse por sí mismo. Le impresionó tanto al ver este hecho, que regresó al siguiente día para ver si el comportamiento de la liebre era casual o habitual. Con enorme sorpresa pudo comprobar que la escena se repetía: la liebre dejaba un buen trozo de carne cerca del tigre. Pasaron los días y la escena se repitió de un modo idéntico, hasta que el tigre recuperó las fuerzas y pudo buscar la comida por su propia cuenta.
Admirado por la solidaridad y cooperación entre los animales, se dijo: “No todo está perdido. Si los animales, que son inferiores a nosotros, son capaces de ayudarse de este modo, mucho más lo haremos las personas.” Así que el joven decidió rehacer la experiencia… se tiró al suelo, simulando que estaba herido, y se puso a esperar que pasara alguien y le ayudara.
Pasaron las horas, llegó la noche y nadie se acercó en su ayuda. Siguió así durante todo el día siguiente… y el siguiente… así que decidió no seguir. Sentía dentro de sí todo el desespero del hambriento, la soledad del enfermo, la tristeza del abandono, su corazón estaba devastado, casi no sentía deseos de levantarse. Entonces allí, en ese instante, estando más decepcionado que al inicio, con la convicción de que la humanidad no tenía el menor remedio, oyó una voz con mucha claridad,… era una voz, muy dentro de él, que decía:
- “Si quieres encontrar a tus semejantes, si quieres sentir que todo ha valido la pena, si quieres seguir creyendo en la humanidad… deja de hacer de tigre y simplemente sé la liebre.”
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EL MENDIGO
Postrado a la vera del camino, esperaba que pasara alguien caritativo que me lanzara una moneda. De pronto vi venir un cortejo que rodeaba a una carroza tirada por seis caballos. Pensé: Un gran señor se ha dignado cruzar por esta aldea. Es posible que me deje caer una generosa limosna.
Esperé anhelante mientras la carroza se detuvo enfrente mío. De ella descendió un personaje ricamente ataviado, al que supliqué: ¡ Señor, una moneda !… Pero, para mi desconcierto, el gran señor extendió su mano y me preguntó: «¿Tienes algo para darme?». ¡ A mí, al mísero, él le pedía ! No podía creerlo, pero seguía delante de mí con la mano tendida…
Vacilando, hurgué en mi raída bolsa, en busca de algo que pudiera dar, algo pequeño que no mermara mis tan escasas pertenencias. Encontré un grano de trigo, que coloqué en esa mano insistente. El me dijo:
«¡ Gracias !». Subió a su carroza y se marchó.
En la noche, al llegar a mi albergue, vacié en el suelo el contenido de mi bolsa, buscando algún mendrugo que pudiera servirme de cena y, entre los desechos recolectados, había un grano de trigo de oro, Sollocé amargamente:
¡ Señor, debí habértelo dado todo !
Rabindranath Tagore
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Un grupo de ranas viajaba por el bosque y, de repente, dos de ellas cayeron en un hoyo profundo. Todas las demás ranas se reunieron alrededor del hoyo. Cuando vieron cuán hondo era el hoyo, le dijeron a las dos ranas en el fondo que para efectos prácticos, se debían dar por muertas. Las dos ranas no hicieron caso a los comentarios de sus amigas y siguieron tratando de saltar fuera del hoyo con todas sus fuerzas. Las otras ranas seguían insistiendo que sus esfuerzos serían inútiles.
Finalmente, una de las ranas puso atención a lo que las demás decían y se rindió. Se desplomó y murió. La otra rana continuó saltando tan fuerte como le era posible. Una vez más, la multitud de ranas le gritó que dejara de sufrir y simplemente se dispusiera a morir. Pero la rana saltó cada vez con más fuerza hasta que finalmente salió del hoyo.
Cuando salió, las otras ranas le preguntaron:
- ¿No escuchaste lo que te decíamos?
La rana les explicó que era sorda. Ella pensó que las demás la estaban animando a esforzarse más para salir del hoyo.
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Un pequeño gusanito caminaba un día en dirección al sol.
Muy cerca del camino se encontraba un chapulín.
- ¿Hacia donde te diriges? -le pregunto.
Sin dejar de caminar, la oruga contesto:
- Tuve un sueño anoche; soñé que desde la punta de la gran montaña yo miraba todo el valle. Me gusto lo que vi en mi sueño y he decidido realizarlo.
Sorprendido, el chapulin dijo mientras su amigo se alejaba:
- ¡Debes estar loco! ¿Como podrás llegar hasta aquel lugar? ¡Tú, una simple oruga! Una piedra será una montaña, un pequeño charco un mar y cualquier tronco una barrera infranqueable.
Pero el gusanito ya estaba lejos y no lo escuchó. Sus diminutos pies no dejaron de moverse. De pronto se oyó la voz de un escarabajo:
- ¿Hacia donde te diriges con tanto empeño?
Sudando ya el gusanito, le dijo jadeante:
- Tuve un sueño y deseo realizarlo, subiré a esa montaña y desde ahí contemplare todo nuestro mundo.
El escarabajo no pudo soportar la risa, soltó la carcajada y luego dijo:
- Ni yo, con patas tan grandes, intentaría una empresa tan ambiciosa.
El se quedo en el suelo tumbado de la risa mientras la oruga continuo su camino, habiendo avanzado ya unos cuantos centímetros.
Del mismo modo, la araña, el topo, la rana y la flor aconsejaron a nuestro amigo que desistiera.
- ¡No lo lograras jamas! -le dijeron, pero en el interior de la oruga había un impulso que lo obligaba a seguir.
Ya agotado, sin fuerzas y a punto de morir, decidió parar a descansar y construir con su ultimo esfuerzo un lugar donde pernoctar.
- Estaré mejor, fue lo ultimo que dijo, y murió.
Todos los animales del valle por días fueron a mirar sus restos. Ahí estaba el animal mas loco del pueblo. Había construido como su tumba un monumento a la insensatez. Ahí estaba un duro refugio, digno de uno que murió por querer realizar un sueño irrealizable.
Una mañana en la que el sol brillaba de una manera especial, todos los animales se congregaron en torno a aquello que se había convertido en una advertencia para los atrevidos. De pronto quedaron atónitos.
Aquella coraza dura comenzó a quebrarse y con asombro vieron unos ojos y una antena que no podía ser la de la oruga que creían muerta. Poco a poco, como para darles tiempo de reponerse del impacto, fueron saliendo las hermosas alas arco iris de aquel impresionante ser que tenían frente a ellos: una mariposa.
No hubo nada que decir, todos sabían lo que haría: se iría volando hasta la gran montaña y realizaría un sueño; el sueño por el que había vivido, por el que había muerto y por el que había vuelto a vivir…
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EL VIENTO Y EL SOL
El sol y el viento discutían para ver quién era el más fuerte El viento decía: ¿Ves aquel anciano envuelto en una capa?. Te apuesto a que le haré quitar la capa más rápido que tú. Se ocultó el sol tras una nube y comenzó a soplar el viento, cada vez con más fuerza, hasta ser casi un ciclón, pero cuanto más soplaba tanto más se envolvía el hombre en la capa. Por fin el viento se calmó y se declaró vencido.Y entonces salió el sol y sonrió benignamente sobre el anciano. No pasó mucho tiempo hasta que el anciano, acalorado por la tibieza del sol, se quitó la capa. El sol demostró entonces al viento que la suavidad y el amor de los abrazos son más poderosos que la furia y la fuerza.
Esopo Año600 AC
* * *
Una mujer regaba el jardín de su casa y vio a tres viejos con sus años de experiencia frente a su jardín.
Ella no los conocía y les dijo:
- No creo conocerlos, pero deben tener hambre. Por favor entren a mi casa para que coman algo.
Ellos preguntaron:
- ¿Está el hombre de la casa?
- No -respondió ella -, no está.
- Entonces no podemos entrar – dijeron ellos.
Al atardecer, cuando el marido llegó, ella le contó lo sucedido.
- ¡Entonces diles que ya llegué, invítalos a pasar!
La mujer salió a invitar a los hombres a pasar a su casa.
- No podemos entrar a una casa los tres juntos – explicaron los viejitos.
- ¿Por qué?- quiso saber ella.
Uno de los hombres apuntó hacia otro de sus amigos y explicó:
- Su nombre es Riqueza.
Luego indicó hacia el otro.
- Su nombre es Éxito y yo me llamo Amor. Ahora ve adentro y decide con tu marido a cuál de nosotros 3 deseáis invitar a vuestra casa.
La mujer entró a su casa y le contó a su marido lo que ellos le dijeron.
El hombre se puso feliz:
- ¡Qué bueno! Y ya que así es el asunto, entonces invitemos a Riqueza, que entre y llene nuestra casa
Su esposa no estuvo de acuerdo:
- Querido, ¿porqué no invitamos a Éxito?
La hija del matrimonio estaba escuchando desde la otra esquina de la casa y vino corriendo.
- ¿No sería mejor invitar a Amor? Nuestro hogar estaría entonces lleno de amor.
- Hagamos caso del consejo de nuestra hija – dijo el esposo a su mujer -. Ve afuera e invita a Amor a que sea nuestro huésped.
La esposa salió y les preguntó:
- ¿Cuál de ustedes es Amor? Por favor que venga y que sea nuestro invitado.
Amor se sentó en su silla y comenzó a avanzar hacia la casa. Los otros 2 también se levantaron y le siguieron.
Sorprendida, la dama les preguntó a Riqueza y a Éxito:
- Yo sólo invité a Amor, ¿por qué ustedes también vienen?
Los viejos respondieron juntos:
- Si hubieras invitado a Riqueza o a Éxito, los otros 2 habrían permanecido afuera, pero ya que invitaste a Amor, donde vaya él, nosotros también vamos…
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EL HORIZONTE
Se cuenta que cierta vez un hombre se acercó a Dios y le pidió que le aclarara algo de la creación que lo dejaba con dudas, y que de acuerdo a su punto de vista, no tenía ninguna utilidad, ningún sentido…
Dios lo atendió y le preguntó cuál era la falla que había notado en la creación.
- Señor Dios, dijo el interesado, su creación es muy hermosa, muy funcional, cada cosa tiene su razón de ser… Pero, aunque haga un esfuerzo para entender su finalidad, hay algo que me parece no servir para nada.- ¿Y qué es eso que no sirve para nada?-, le preguntó Dios.
- El horizonte, contestó el hombre.
Al fin de cuentas ¿para qué sirve el horizonte?
Si camino un paso hacia el horizonte, él también se aleja un paso de mí.
Si camino diez pasos, él se aleja otros diez pasos…
Si camino kilómetros en su dirección, él se aleja los mismos kilómetros de mí…
¡Eso no tiene el menor sentido! El horizonte no sirve para nada.
Dios miró a su ingenuo hijo, sonrió y le dijo:
- Pero justamente es para eso que sirve el horizonte, para hacerte andar…
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Ocurrió en la vida de una famosa adepta zen. Se llamaba Rengetsu… Estaba haciendo una peregrinación. Llegó a un pueblo al atardecer y se puso a pedir alojamiento para esa noche, pero los aldeanos le cerraban sus puertas. Estaban en contra del zen. El zen es tan revolucionario, tan absolutamente rebelde, que resulta muy difícil de aceptar. Si lo aceptas te transformarás; si lo aceptas tendrás que pasar por el fuego y nunca volverás a ser el mismo. Las personas tradicionales siempre han estado en contra de la verdadera religión. La tradición es todo lo que es falso en la religión. Los aldeanos deben haber sido budistas tradicionales y no querían que la mujer pasara la noche en el pueblo; querían que se fuera.
Era una noche fría; la mujer no tenía alojamiento y estaba hambrienta. Tuvo que pasar la noche al abrigo de un cerezo del campo. Como hacía tanto frío no podía dormir bien. Y el lugar era peligroso, estaba lleno de animales salvajes. A medianoche el frío la despertó y vio, contra el cielo nocturno, las flores del cerezo totalmente abiertas, riendo a la brumosa luna. Sobrecogida por la belleza de la escena, se puso de pie e hizo una reverencia mirando hacia el pueblo, pronunciando estas palabras: “Gracias a tu bondad al negarme alojamiento me he encontrado debajo de las flores esta noche de luna brumosa”…
Se sentía agradecida. Daba las gracias a quienes le habían negado alojamiento porque, si hubiera dormido bajo un techo, se habría perdido esta bendición: estas flores de cereza y estos susurros de la misteriosa luna, y el silencio de la noche, el absoluto silencio de la noche. No estaba enfadada, aceptaba la situación. Y no sólo la aceptaba y le daba la bienvenida, sino que se sentía agradecida. Uno se convierte en un buda en el momento en que acepta todo lo que la vida le trae con gratitud.
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EL JARDÍN DEL REY AUSENTE
Había una vez un rey que tuvo que abandonar su esplendoroso jardín por algún tiempo. A su regreso encontró que todas las flores estaban mustias y marchitas. Les preguntó una por una qué les había sucedido para hallarse en tal estado de decadencia. ´
Los helechos respondieron que querían ser altos y esbeltos como el ciprés. El pino dijo que le hubiera gustado desprender el aroma de las azucenas. Las sencillas margaritas envidiaban a las rosas y éstas a su vez lloraban porque la belleza es fugaz y efímera.
Finalmente, después de haber escuchado las quejas de toda la flora del jardín, el rey se acercó a las petunias y les preguntó por qué ellas se mantenían tan frescas y bonitas. Y esto fue lo que respondieron las florecillas:
- Nosotras hemos intuido que tú nos querías así como somos. Si nos hubieras querido altas, habrías plantado un pino en nuestro lugar; o un rosal con su aroma; o una azucena con su delicadeza, o margaritas con su sencillez… Pero, pensando que esto que somos es lo que tú deseabas, nos hemos dedicado todo el tiempo a expresar nuestro ser…
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Cuentan que una vez se reunieron en un lugar de la tierra todos los sentimientos y cualidades de los hombres. Cuando el Aburrimiento había bostezado por tercera vez, la Locura, como siempre tan loca, les propuso:
-¿Vamos a jugar al escondite?
La Intriga levantó la ceja intrigada y la Curiosidad, sin poder contenerse preguntó:
-¿Al escondite? Y cómo es eso?
-Es un juego-explicó la Locura- en el cual yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón mientras ustedes se esconden y cuando yo haya terminado de contar, el primero de ustedes que encuentre, ocupará mi lugar para continuar el juego.
El Entusiasmo bailó secundado por la Euforia, la Alegría dio tantos saltos que terminó por convencer a la Duda, e incluso a la Apatía, a la que nunca le interesaba nada. Pero no todos quisieron participar, la Verdad prefirió no esconderse. Para qué? si al final siempre la hallaban, la Soberbia opinó que era un juego tonto (en el fondo lo que le molestó era que la idea no se le haya ocurrido a ella) y la Cobardía prefirió no arriesgarse…
- Uno, dos, tres…comenzó a contar la Locura.
La primera en esconderse fue la Pereza, que como siempre se dejó caer tras la primera piedra del camino. Envidia se escondió tras las sombras del Triunfo, que con su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto.
La Generosidad casi no alcanzaba a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos….un lago cristalino? ideal para la Belleza; la hendija de un árbol? perfecto para la Timidez; el vuelo de una mariposa? lo mejor para la Voluptuosidad; una ráfaga de viento? magnífico para la Libertad. Así terminó por ocultarse en un rayito de sol.
El Egoísmo, en cambio encontró un sitio muy bueno desde el principio, ventilado, cómodo…pero sólo para él.
La Mentira se escondió en el fondo de los océanos (mentira, en realidad se escondió detrás del arco iris) y la Pasión y el Deseo en el centro de los volcanes. El Olvido…. se me olvidó donde se escondió….pero no es lo importante. Cuando la Locura contaba 999,999, el Amor aún no había encontrado sitio para esconderse, pues todo se encontraba ocupado….hasta que divisó un rosal y enternecido decidió esconderse entre sus flores.
- Un millón- contó la Locura y comenzó a buscar.
La primera en ser encontrada fue la Pereza, sólo a tres pasos de una piedra. Después se escuchó a la Fe discutiendo con Dios en el cielo sobre teología y a la Pasión y el Deseo los sintió en el vibrar de los volcanes. En un descuido encontró a la Envidia y claro, así pudo deducir donde estaba el Triunfo.
Al Egoísmo no tuvo ni que buscarlo. El solito salió disparado de su escondite que había resultado ser un nido de avispas. De tanto caminar sintió sed y al acercarse al lago descubrió a la Belleza y con la Duda resultó mas fácil, pues la encontró sentada sobre una serca sin decidir aún de que lado esconderse.
Así fue encontrando a todos, el Talento entre las hierbas frescas, a la Angustia en una cueva oscura, a la Mentira detrás del arco iris… (mentira, si ella se había escondido en el fondo del océano) y hasta el Olvido…. que ya se había olvidado que estaba jugando a las escondidas, pero sólo el Amor no aparecía por ningún sitio.
La Locura buscó detrás de cada árbol bajo, cada arroyuelo del planeta, en la cima de las montañas y cuando estaba por darse por vencida divisó un rosal y sus rosas….y tomó una horquilla y comenzó a mover las ramas, cuando de pronto un doloroso grito se escuchó. Las espinas habían herido en los ojos al Amor; la Locura no sabía que hacer para disculparse, lloró, rogó, pidió perdón, imploró y hasta prometió ser su lazarillo. Desde entonces; desde que por primera vez se jugó a las escondidas en la tierra:
El Amor es ciego y la Locura siempre lo acompaña…
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LAS COSAS NO SON SIEMPRE LO QUE PARECEN
Dos Angeles viajeros se pararon para pasar la noche en el hogar de una familia muy adinerada. La familia era ruda y no quiso permitirle a los Angeles que se quedaran en la habitación de huéspedes de la mansión. En vez de ser así, a los Angeles le dieron un espacio pequeño en el frío sótano de la casa. A medida que ellos preparaban sus camas en el duro piso, el Angel más viejo vio un hueco en la pared y lo reparó. Cuando el Angel más joven preguntó: ¿por qué?, el Angel más viejo le respondió, “Las Cosas no siempre son lo que parecen.”
La siguiente noche, el par de Angeles vino a descansar en la casa de un señor y una señora, muy pobres, pero el señor y su esposa eran muy hospitalarios. Después de compartir la poca comida que la familia pobre tenía, la pareja invitó a los Angeles a que durmieran en su cama, donde ellos podrían tener una buena noche de descanso. Cuando amaneció, al siguiente día, los Angeles encontraron bañados en lágrimas al señor y a su esposa. La única vaca que tenían, cuya leche había sido su única entrada de dinero, yacía muerta en el campo. El Angel más joven estaba furioso y preguntó al Angel más viejo: ¿cómo pudiste permitir que esto hubiera pasado? El primer hombre lo tenía todo, sin embargo tú lo ayudaste. La segunda familia tenía muy poco, pero estaba dispuesta a compartirlo todo, y tú permitiste que la vaca muriera.
Las Cosas no siempre son lo que parecen -le replicó el Angel más viejo -. Cuando estábamos en aquel sótano de la inmensa mansión, yo noté que había oro almacenado en aquel hueco de la pared. Debido a que el propietario estaba tan obsesionado por la avaricia y no dispuesto a compartir su buena fortuna, yo sellé el hueco, de manera tal que nunca lo encontrara.
Luego -continuó diciendo el Angel más viejo-, anoche, mientras dormíamos en la cama de la familia pobre, el ángel de la muerte vino en busca de la esposa del agricultor. Y yo le di a la vaca en su lugar… Las Cosas no siempre son lo que parecen…







