La puerta del Amor

El amor es un fuego que se nos regala.
Lo agradeces con creces cuando has caminado con frío, con barro, con la ropa empapada por la lluvia del último invierno.
Es un regalo ver una chimenea humeante y resplandor de llamas en la ventana de una casa.
Y es un reclamo cuando llamas a la puerta, pidiendo calor de hogar, calor de compañía, alivio de poder al fin descansar.

Hay muchas formas de llamar a la puerta de un corazón, de un hogar.
A veces la aldaba suena a «¡mira lo que te traigo!»; y en ocasiones repica un «¿qué tienes para mí?»
El amor siempre abre en silencio, toma lo que traes y entrega lo que necesitas.

Hay quienes no llaman a ninguna puerta.
O quien lo hace sólo después de la misma batalla, quizá tras haberte perdido en la propia tozudez, acaso por el agotamiento de hacerle un pulso a la vida y demostrar que tú puedes, por ti mismamente, que tú puedes con todo, con todo lo que te echen o te eches encima.
Entonces sí llamas, justo cuando descubres que ese “todo” es ilimitado, y tus fuerzas no lo son.

Hay muchos motivos para llamar a la puerta del amor.
No te abrumes si es por cansancio o derrota, porque es el Amor quien sale a recibirte.
Puede que al principio no le veas, que solo busques la lumbre encendida y a ese calor te entregues, porque tu alma siente frío.
Pero la noche es larga y siempre llega el momento en que deshaces tu equipaje y vistes al amor con tus ropajes.

El amor es una gran compañía.
Sonríe siempre en tu corazón.
No lo tomes a mal si se pone lo que traes y te regala lo que necesitas.

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Publicado por

Angela Castillo

Aprendiza de Poeta Maga