El Fuego en San Juan

El latido de los tambores se acompasa con el crepitar de las llamas mientras el pálpito de los corazones enciende cantos en la noche, anécdotas risueñas, recuerdos silenciosos… El fuego, anfitrión en la fiesta, recibe nuestras ofrendas y, sin que apenas nos demos cuenta, despoja nuestras almas de todo aquello que no sirve más, dejando espacio en nuestras vidas para que lo nuevo se incorpore en un renovado ciclo.
Acá un canto, allá una risa, una ausencia al otro lado. Ausencia por unos segundos en que las llamas vivas abren su reino para convertirnos en leños candentes; presencia en otros espacios inexplorados del Ser. El fuego se nutre de la historia de cada árbol que le ofreció sus ramas, y devora en un instante nuestra historia personal para mostrarnos la esencia que por siempre subyace al reino de las formas… Las cenizas alimentan la tierra que engendrará un nuevo árbol, y la esencia que hemos rescatado nutrirá nuevos brotes en nuestro crecimiento, mas por esta noche ya se dio la alquimia, la simbiosis entre palabra y fuego crepitando cada frase en una flecha que prende memorias dormidas. Simbiosis entre canto y fuego que aviva la fuerza en el rescoldo de nuestros sentires. Simbiosis entre silencio y fuego generando un sonido único que acoge al mismo tiempo la suma acompasada de nuestras expresiones…
Y así va resplandeciendo la madrugada de San Juan, pudiendo verse desde las alturas la danza gloriosa del fuego rodeado por corazones encendidos…

¡¡¡Gracias, amig@s, por la magia de esos ratos compartidos!!!

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Los ojos del peregrino

Mi tiempo se acabó antes de lo previsto y no pude permitirme más días en el Camino. La realidad que dejé atrás se colocó, irremediablemente, delante de mí, sin ofrecerme opción alguna para evitarla. Pero no creas que la decepción hizo su asomo ante la idea de abandonar mi aventura casi a las puertas de superar el objetivo; llegar a pie hasta el final. ¡Qué importancia tenían unos kilómetros más o menos! Los pasos andados ya me enseñaron que proyectarse hacia delante no tiene tanto mérito, es una continua práctica de ejercicios que la propia existencia ya te hace desarrollar, constancia, resistencia, voluntad. Y, sin embargo, lo más arduo, es llegar al momento en que te encuentras ahora. En los breves instantes que lo conseguí, sentí que aquello debía ser lo que los místicos definen como cielo.

No pude resistir la tentación de subirme a un autobús que recorrió en pocas horas la misma distancia que mis pies hubiesen tardado unos días en andar, para regalarme, aunque solo fueran unos momentos, en esa ciudad que siempre estuvo ahí como destino final. ¡El gran trofeo a mi esfuerzo! No me dirigí hacia ella para recoger el premio, sentía que la experiencia ya me había condecorado por sí misma, el motivo fue más bien entregarlo como ofrenda. Y cuando crees que puedes ofrecer un trocito de ti a la vida, ésta te sorprende con todo un banquete de placeres desplegados para deleitarte.

La cara risueña de aquella que me regaló su libro. Los brazos abiertos hacia quienes me dieron un soplo de aliento. Palabras de agradecimiento al que curó mis heridas. Risas cómplices al rememorar momentos compartidos. Apretones para aquel que me animó con su estímulo. Despedidas que no llevaban el peso del adiós sino la dicha de habernos conocido. Aire festivo. Pieles curtidas por los elementos. ¡Y la luz! ¡Esa luz en los ojos del peregrino tan difícil encontrar en el ciudadano de a pie! …. // Extracto del libro Semillas de un Sueño

Celebración de la Semana del Libro en Castillo de Locubín / Primer encuentro de escritores andaluces

¡¡¡Gracias, Castillo de Locubín, por una página más en nuestra trayectoria literaria!!!

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