La Imaginación

“Había una vez un peregrino que en su trayectoria por esos mundos encontró a tres picadores. Saludó al primero preguntándole qué hacía y éste le respondió en forma de queja:
– ¿Qué hago? Machacarme la espalda durante horas, día tras día, llueva, truene o abrase el sol. Destrozando mi vida así como se rompen estas piedras.
El peregrino se acercó al segundo picador y le hizo la misma pregunta:
– ¿Qué hago? – respondió el aludido con voz cargada de realismo – ¿Acaso no es evidente que estoy picando piedras?
Y, por último, el caminante abordó al tercer picador con la misma pregunta y éste alzó sus ojos soñadores hacia las alturas, como si pudiera ver en el aire formas ajenas a la mirada común:
– ¿Qué hago? – respondió con una sonrisa cómplice – estoy construyendo una catedral.”

Personalmente he respondido como estos picadores en distintas etapas de mi vida. Ante las evidentes preguntas que desata el dolor, el miedo o el sinsentido, me he quejado; también he sido realista y conozco de la resignación; pero, cuando veo mi particular “catedral” entre nubes y emociones, siento que cada realidad cincela una capacidad de adaptación, a la vez que cada imaginación construye su propia libertad…

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Amor por los Libros

Quizá porque esta semana seremos hiperflechados por Cupido, me he acordado esta mañana de la primera diana que hizo el arquero en mi vida, allá en la primera adolescencia. Lo confieso. Me enamoré perdidamente de los libros. Los devoraba. Sólo quería estar en sus páginas, vivir entre sus líneas, que nunca se acabara aquella historia… 
Hay recuerdos imborrables en mi niñez que se anteponen, así como la hierba aflora infatigable entre las grietas del cemento, a capas y capas de vivencias acumuladas en la memoria. La escarcha que cubría el olivar en los invernales fines de semana, el almendro vestido de blanco para recibir a la primavera, el olor a tierra mojada tras la tormenta veraniega, las hojas de otoño caídas en la vereda que conducía al colegio… Misterio de inocencia y sencillez el que se percibía en una flor, en un paisaje, en el transcurrir de los ciclos escolares.
También recuerdo el olor de los libros de texto desparramados sin orden ni concierto en la mesa de estudio, y el tacto de aquéllos otros que apilaba como un tesoro en la estantería de mi habitación. En mi mente adolescente, la literatura abrió una ventana a la que, sin que nadie me lo impusiera, quise asomarme para aprender a mirar otros paisajes, a oír otros pensamientos, a imaginar otras historias. Fueron esas lecturas las que entretejieron sueños de un mundo mejor y el interrogante de cómo soñarme a mí misma para ocupar un lugar en él. Ansias por conocer y conocerme, dudas en la incertidumbre. Y también certezas que después hube de conjugar en el tejido de mi propia existencia…

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Bordadoras de Sueños

Me conduce esta imagen a la adolescencia y a la sombra de una parra donde bordaba mi ajuar de sueños dentro de la circunferencia de un bastidor. Mientras mi madre y otras mujeres del entorno hacían zurcidos y remiendos, yo combinaba los colores y formas en la pureza de un tejido que el tiempo y la experiencia aún no habían desgastado… En la realidad de hoy me ocupo de la función que ellas me mostraran entonces, uniendo los retazos del tejido vital a través de la recapitulación y el entendimiento. Y, aunque a veces parece que los rotos del mundo se empeñan en zurcir los míos, algo que no sé definir sostiene intactos los hilos primorosos que tejen la magia de los sueños. Quizás sea la mirada inocente de esa Bordadora sin edad que todas llevamos en el corazón…

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Sueños

Tu mirada ha abierto la puerta a esa dimensión donde los sueños tejidos con hebras de luz esperan desde siempre a que les des realidad en el reino de lo concreto. Sólo tú puedes hacer que esa expresión única y original, inscrita desde siempre en el telar mágico de tu corazón, despierte de su estado latente, tomando cuerpo en la realidad del tiempo. Y, sin embargo, no puedes forzar nada. Los sueños te acompañan en tu recorrido como Presencias intocables, sin dejar huellas sobre el trazado del camino, siendo tu consciencia la que convierte en rastro perceptible lo que ha sido pisada silenciosa. Los sueños están en todas partes y pueden ser muchas cosas a la vez, aunque, en esa avidez de tu mirada por aferrar lo que intuyes pero no ves, los perpetúes en el viento que sopla a las nubes y el agua que riega la tierra y la semilla que fecunda el árbol y la leña que prende el fuego. Da igual en qué forma los recreen tus memorias, ellos son el Recuerdo silente e iluminado que te inspira en las horas del día mientras laboras la rutina de tus quehaceres, hasta que la noche te abraza con su manto de estrellas. Y allí, en la profundidad del descanso merecido, son esas Presencias las que te despiertan a un mundo diferente con colores más intensos y paisajes más vivos, donde el fuego, y las nubes, y el agua, y el árbol, se quitan el nombre y desvelan su misterio. Ahí es cuando te soplan al oído: sólo el silencio sabe, sólo del silencio se aprende… Extracto del libro Los Ojos de la Noche

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Un sol que se da

El soñador ensueña despierto y solo. El durmiente es soñado por múltiples sustitutos que le abstraen de su soledad. Pero el amor está latente en cada olvido, y quien ama su soledad se convierte en un sol-que-se-da, cuya mirada despierta en la realidad las imágenes que sueña el corazón. Sucede entonces que el día regala sincronías donde hubo desencuentros, resonancias donde reinaba la confusión. Nuevos matices pintan las memorias grisáceas, a la vez que los signos renuevan sus significados… Y así se va tejiendo la magia de las relaciones, a medida que las soledades se reconocen en tantos soles-que-se-están-dando…

Presentación de Los Ojos de la Noche en el Colegio Miguel de Cervantes – Écija -Sevilla

¡¡¡Gracias, amig@s, por darle realidad a la magia de las relaciones!!!

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