Paisajes cambiantes

Un estanque de aguas quietas y transparentes. Paz y armonía en el flujo de las emociones hasta que una piedra es lanzada en la superficie cristalina rompiendo el hermoso rostro de un sentir. La reacción primera es culpar a la piedra, o a la mano que la lanzó, incluso hacer culpable a la impermanencia de la belleza. Pero si soy paciente puedo ver que, después del caos y finalmente, la imagen estancada se transforma en otro paisaje que refleja la hermosa faz de otro sentir…

Cristales rotos

A veces, en momentos de silencio y quietud, se me vienen al presente imágenes cristalizadas en el recuerdo, como si el álbum de fotos vitales las guardase intactas en la memoria del tiempo. Esas personas siguieron expuestas a las leyes de la transformación, y sé que yo también he cambiado si hoy puedo recordarlas sin sentirme dañada por esos cristales rotos…

Amanecer

Amanecer en cada noche oscura.
Acercarse a la fuente cantarina
y a los lamentos de una piedra,
quemarse con el fuego
y despedirse de sus cenizas…
Pero ya no hay cenizas a las que decir adiós. Hay una llama renovada que se aviva con el soplo del viento. Hay un gran regalo hecho de esencias que siempre estuvo ahí, esperando a que se me cayeran todos los frascos de cristal donde quise guardarlas. Y, acaso porque la luna llena se bebió los lamentos de la noche mientras cantaba su canción reflejada en la fuente de piedra, el fuego de este nuevo amanecer calienta pero ya no quema…

Crecer

Un cielo negro en el que estallan fuegos artificiales como diminutos puntos luminosos anteponiéndose a la oscuridad, o la página blanca de un diario adolescente que pierde su resplandor al llenarse de signos: entonces nada veía yo en ningún cielo.
Luego dejé de mirar las estrellas y dejé de escribir. Y es que la verdad asoma siempre como algo nunca visto ni descrito, en el instante mismo en que uno comprende. Como sucedió recientemente en una playa del pasado. En aquella hora crepuscular vi cómo el flujo de las olas perfilaba la bahía. Los fuegos artificiales estallaron de pronto en el cielo anunciando el comienzo de las fiestas. El inicio de otra página. Comprendí que la misma imagen de la adolescencia se me revelaba ahora con más nitidez. ¿Y no es acaso la visión, y no el paso de los años, lo que nos indica si en verdad estamos creciendo?

Regalos de inocencia

Cuando era niña quise hacerle un regalo a mi amiga en el día de su cumpleaños. No tenía monedas en la alcancía para comprar un obsequio y sabía que era inútil pedirlas en casa, lo cual favoreció que se activara de manera natural el estado de acecho, de observar alrededor qué elementos podían considerarse como una ofrenda. Recuerdo que encontré un pequeño frasco de cristal, vacío, en un rincón del ropero y pensé que nadie notaría el trasvase de la gran botella de agua de colonia familiar a ese bonito frasco. Cosas de niña, pensar que una hoja de papel con un dibujo que has pintado es poca cosa que ofrecerle a la amistad. Colores, texturas y olores de niña que concluyeron en interpretaciones adultas y no lograron desdibujar la reprimenda que recibí.
Las huellas marcadas en la infancia son un mapa sensitivo que nos induce desde dentro a cambiar y mejorar la lectura de lo vivido. Acaso fuera esa niña, que tomó algo de los demás para tener algo que regalar, la que décadas después me inspiró a hacer mi propio perfume con las flores del entorno. Rosas, Madreselva y Jazmín. Todavía me acompaña esta esencia que me regaló la Madre Tierra y, cada vez que abro la botella de cristal donde comprimí tantos pétalos, siento que la infancia me sonríe desde un rincón del ropero, dentro de una hucha vacía, y en los colores dibujados en un papel.
Puedo sentir hoy que esa huella sensitiva de la niñez fue transformada y sigue haciendo nuevas lecturas en el anhelo inocente de ofrendar, de ofrendarnos. Cosas de niñas, aunque ya somos adultas, es entregarte una pluma a la cual tú haces espacio en tu cartera desprendiéndote de una grulla que llevas contigo desde hace décadas, como si fuera un frasco de papel que conserva la esencia de una amistad. Portaré el símbolo en el tiempo y el espacio pero sé que la fragancia de ese instante de reconocimiento en el cual intercambiamos nuestros regalos ha dejado su huella para siempre en las sendas del corazón.

Recital Poético en el cau de les arts // Esplugues // Barcelona

¡¡¡Gracias, niñas, por el regalo de vuestra presencia!!!