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“La sonrisa de un girasol, disipando los grises en los que la costumbre entreteje sus rutinas. Sonrisa colmada de aurora que colorea el paisaje sin énfasis ni fatigas… Pareciera que nada nuevo sucede cuando lavas los platos, cocinas, o trabajas en las tareas que recomponen el día a día; como si todo lo novedoso aconteciese en profesiones exitosas, a personas interesantes, en lugares más exóticos que este espacio saturado de miradas desgastadas… Y, sin embargo, algo está sucediendo en un parpadeo; breve instante en el que la espuma del fregadero produce un cosquilleo en tus manos, o el paladar se deleita probando esa sopa recién retirada del fogón… o cuando atrapas un pensamiento furtivo cuyo entendimiento disuelve el hedor de una vivencia marchita en el recuerdo, dejándole espacio a la fragancia de una idea que recién abre sus pétalos. Cuando escribes tus recuerdos, transformando tu ayer en algo hermoso. Pues, ¿qué queda de lo vivido sino esa mirada que, de tantas veces revivir, aprende a quitarle sombras al pasado y lo colma con las luces conquistadas en cada amanecer…?
* * *
Autora: Angela Castillo Olmo
Género: Narrativa
Editado en Mayo de 2008
Sinopsis: La historia desplegada en estas páginas se desarrolla en una Comunidad del Valle Sagrado de Perú. Sus protagonistas son Buscadores de diferentes países que unen sus vidas para crecer juntos, acogiendo las costumbres y el conocimiento de una cultura ancestral. Aunque el escenario y los personajes descritos propicien la narrativa sobre los misterios de una Tradición milenaria, el desarrollo de la obra profundiza más en las relaciones a todos los niveles: con la naturaleza, con los elementos, con el trabajo, con el mundo invisible, con los compañeros de viaje; en definitiva, con uno mismo. Es la historia de una comunidad que elige el camino de la sanación, mostrando con sus vidas cómo enfrentar la existencia de una forma más sencilla, honesta y fuerte…
“Girasoles decaídos tras una larga noche de sombras oscuras, que despertaron una mañana abriendo sus pétalos a la luz del amanecer, elevaron sus corazones hacia el cielo y no necesitaron más motivo, para colmar el nuevo día, que girar en dirección al sol…”
Somos flechas lanzadas por la vida, en cada elección marcamos nuestra proyección, nuestro destino, todas las elecciones que hice convergieron en este lugar, en este camino…
Y es cierto que elecciones muy importantes hube de hacer antes de viajar a Perú. Cualquiera podría pensar que cruzar el océano, hoy en día, no tiene nada de extraordinario: muchas personas pueden aprovechar el mes de vacaciones en conocer otros países, más o menos exóticos. En mi caso, sin embargo, fue una cuestión de conseguir más tiempo del que se requiere para hacer turismo. Desde siempre, más que la figura del turista, me interesó la del peregrino, o viajero que se busca a sí mismo en otras culturas o formas de entender la vida. Hay viajes y viajes, pero los más auténticos, pienso yo, son aquellos que nos devuelven a casa como seres diferentes y más acordes con nuestra verdadera naturaleza. Para que esto suceda, y antes de partir, uno tiene que dejarse en casa las lentes con las cuales está acostumbrado a mirar la realidad, tiene que dejar en su armario los ropajes con los que se ha identificado; tiene que salir ligero y dispuesto a Aprender…
Pero no hace falta irse tan lejos para aprender. En un párrafo del prólogo de esta obra dice así:
Lo más extraordinario de esta experiencia es que podría haber sucedido, y puede suceder, en cualquier lugar del mundo. Lo más sorprendente es que las voces que suenan en estas páginas podrían ser, en esencia, las de cualquier persona que se baja un rato del mundo con el propósito de descubrir quién vive bajo los ropajes diseñados por su tradición, cultura o circunstancias vitales…
Autora: Angela Castillo Olmo
Género: Narrativa
Editado en Octubre de 2005
Sinopsis: Los protagonistas de esta historia hacen un recorrido por el paraíso de la ilusión, en el Camino de Santiago, para desembocar en las tinieblas del desamor, cuando interfieren las desavenencias de sus circunstancias externas…
Semillas de un sueño que sutiles manos sueltan al azar, agarrándose a suelos áridos. Diminutos brotes de una flor que asoman tímidos al corazón y son aplastados por la realidad…
“¿Y qué es el amor, ese cielo que la saeta de Cupido nos deposita en el corazón o ese infiernos en el que agonizamos cuando la flecha está envenenada por el miedo…?”
Semillas de un sueño es una historia de amor y desamor, un intento de expresar y entender la escala emocional inherente a toda relación amorosa. Al escribir esta obra trascendí muchos planteamientos erróneos sobre mi visión del amor: el miedo a fundirse con el otro, la falta de compromiso, las expectativas, la rutina, la soledad, los quebradizos lazos entretejidos en la distancia… Trabajar en esta obra supuso un cambio de dirección en mi búsqueda, un desviar la mirada hacia dentro; o, parafraseando una de sus páginas, se podría decir que lo viví como un dejarse caer hasta el fondo, sin oponer resistencia alguna. Y allí donde se pierden las largas extremidades de la dualidad, donde no existe lo profundo o lo elevado, lo bueno o malo, lo masculino o femenino, me encontré con lo que hay, o sea, nada. Nada que perder. Nada a lo que aferrarse, todo es un juego en el que la nada se distrae soñando el universo de las cosas…
En las páginas de este libro hay más ingenuidad que experiencia, más sinceridad que habilidad, más desnudez que documentación y más corazón que técnica. Sin embargo, esta obra fue un solo paso, quizá más importante por ser el primero, pero un solo paso no hace un camino…
17 de Julio, en la Casa de la Juventud
El mundo es una mirada…
El mundo está mal, dice la mirada realista, hay crisis, corrupción, desigualdad, conflictos, desconfianza… Las masas parecen enchufadas a la euforia colectiva que nos suministran aquellos que desde la sombra mueven los hilos… y así seguimos oscureciendo los paisajes en los que vivimos, a fuerza de perpetuar ese mirar sombrío. Pero yo no quiero subirme a esa mirada, prefiero girar la visión y buscar entre tanto desaliento unos ojos entre miles de ojos, un corazón entre tanta queja y lamento. No me interesan las estadísticas, busco una conexión auténtica que le permita a mi mirada traspasar el cansancio de tanta ausencia adherida al mundo, y despierte el sentir adormecido detrás de tanta coraza pintada de desencantos. Entonces ya no veo unos zapatos de marca sino unos pies que anduvieron caminos. Ya no veo estrategias para engañar ni engañarse sino la inocencia de un niño que no juega a interpretar el traje del rey sino a decir la verdad desnuda, el rey no tiene traje… Veo un corazón capaz de entregarse a pesar de haberse roto una y mil veces. Veo la vida sacudiéndose con fuerza tantas mentiras y juicios adheridos a su espalda…
Utopía, dicen algunos, el mundo seguirá siendo igual, lo mires como lo mires, mas yo sé que estoy creando un paisaje diferente sólo por mirarlo de otra manera. Pues qué es el mundo sino el resultado de infinitas miradas cristalizándose en un único instante…
¡¡¡Gracias, amig@s , por permitirme e inspirarme a escribir otra página en el aire!!!
Hay lugares donde los elementos de la Naturaleza se ordenan de tal manera que cuando uno observa la imagen de conjunto se pregunta qué hace posible la expresión de tanta armonía en un solo espacio, si es la luz o su reflejo, el río o la arboleda, el canto del pajarillo o el rumor de las aguas… Lugares insólitos donde todo está presente en su particularidad sin que nada destaque por sí mismo… ¿Será por eso que resulta imposible atribuirle un solo motivo a la Belleza?
Hay parajes donde la luz encuentra un espejo de aguas mansas que reflejan el mundo sin distorsiones, así como el mundo es, así como fue creado. Coincide la imagen con ese momento en el que la mente se aquieta, los pensamientos desisten de saber, de preguntar, y, entonces, en el trasfondo, emerge un paisaje con rumor de pájaros que hacen sus nidos en la arboleda o revolotean sobre un río sereno.
Será por eso que la Belleza se oculta en la luz , se esconde en su reflejo, desvelándose ante esa visión que abarca los extremos en un solo instante…
Recuerdo en una de las presentaciones que hice de Girasoles al amanecer cómo se me quebró la voz antes de pronunciar un discurso previamente preparado ante el grupo de personas que esperaban atentas frente a mí. Casi tartamudeando, dije que así estaba bien, pues sólo cuando las palabras marchitas se rompen en la garganta pueden dejar espacio a la fragancia de una Voz desconocida hasta entonces. Una voz que viene a decir aquello que nunca nombraste.
Otras veces la voz se quiebra cansada de repetir un argumento sublime que nunca fue capaz de hacer sublime tu existencia. Entonces comprendes que hay que callar y escuchar otras voces que, desde más adentro, te dicen que ASÍ NO ES.
Un extraño silenciamiento acontece en tu garganta y en tu mente.
Ya no quedan quejas ni exaltaciones. Sólo callar y que tu mudez esté a la altura del Silencio. Y si después brota una palabra, que ésta vibre en la hondura de la Voz.
Sólo queda fortalecerse para que un día –hoy, mañana o el año que viene-, tus relaciones estén a la altura de ese Amor que con tanto énfasis declamaste ayer…
Imaginemos entre tod@s un gran árbol con muchas ramas donde colgar todos los acontecimientos que le dieron luminosidad a nuestras vidas, pero deshojado ya de todo aquello que queremos dejar atrás… Aunque os parezca desnudo, le estamos dejando espacio a otra primavera cargada de sueños vivos… Poco a poco, a lo largo del nuevo año que se acerca, irán asomando tallos tímidos y brotarán los frutos de esos propósitos sembrados en este compartir…
De pequeños detalles está formada nuestra vida, de fragmentos de tiempo, trozos de felicidad, nostalgia, alegría, tropiezos…
Un atardecer, la belleza expresada en el arte de vivir, de ser, de un paisaje que dibuja y difumina el horizonte de nuestro camino… Compartir.
Nunca es tarde para cambiar, perdonar, sanar relaciones.
Soltar nudos y amarras… eso nos hace libres. Nos engrandece… Cantar.
Sembremos propósitos hoy, mañana y siempre, con semillas de Amor, Voluntad y Discernimiento, la cosecha no puede ser sino Abundancia en todos los aspectos de nuestra vida.
* * *
¡¡¡Gracias, amig@s por ese compartir donde Corazón y Palabra latieron al unísono!!!
El Hotel Oasis fue el escenario andalusí donde la solidaridad, vestida de elegancia, se sentó a las mesas previamente decoradas con creativas huellas. El llamado al evento bien podría haber sido: “Cena con nosotros esta noche, para que otros puedan comer”. Mas no sólo de pan vive el hombre y los asuntos culinarios nunca rascan más de lo necesario el bolsillo de quienes tenemos satisfecho el estómago. Así que el reclamo se lanzó como una flecha hacia otro órgano. “Cuando el amor toca tu corazón”. Y, SÍ, nos sentimos tocados por la amenidad, poesía, música, cantos y anécdotas compartidas de los presentes, pero, ante todo, por la cruda realidad de los ausentes, en cuyo favor fuimos convocados.
Según el Diccionario de la Real Academia, solidaridad significa adhesión circunstancial a la causa o empresa de otros. De otra fuente menos académica y más humana aprendí otro enfoque: SOL y DAR y DAD. Depende de cada cual cómo se vive este asunto, si académica o humanamente. A mi parecer la primera acepción se desmorona en el desglose de su propio significado, haciendo de la ayuda una pálida sombra de la incondicionalidad; en la segunda ya brilla el sol y se acerca más a ese amor que nos adhiere al otro, a lo otro, sin límites ni causas, en toda circunstancia.
La solidaridad sin corazón apenas atenúa el grito callado de quienes digieren nuestras migajas. ¡No es justo!, braman las entrañas en lo profundo. El Amor oye el grito y sabe que no es de otro sino suyo; atiende y ayuda y da, pero sin dejar deuda pues, en esencia, no es a otro más que a sí mismo a quien ampara. En su adhesión sin límites el Amor crea universos con las migajas del mundo.
¡¡¡Gracias, amig@s de Fundación Nur, por mostrarnos el corazón a través de vuestra obra social!!!
* * *
Postrado a la vera del camino, esperaba que pasara alguien caritativo que me lanzara una moneda. De pronto vi venir un cortejo que rodeaba a una carroza tirada por seis caballos. Pensé: Un gran señor se ha dignado cruzar por esta aldea. Es posible que me deje caer una generosa limosna.
Esperé anhelante mientras la carroza se detuvo enfrente mío. De ella descendió un personaje ricamente ataviado, al que supliqué: ¡Señor, una moneda!… Pero, para mi desconcierto, el gran señor extendió su mano y me preguntó: “¿Tienes algo para darme?”. ¡A mí, al mísero, él le pedía! No podía creerlo, pero seguía delante de mí con la mano tendida…
Vacilando, hurgué en mi raída bolsa, en busca de algo que pudiera dar, algo pequeño que no mermara mis tan escasas pertenencias. Encontré un grano de trigo, que coloqué en esa mano insistente. El me dijo: “¡Gracias!”. Subió a su carroza y se marchó.
En la noche, al llegar a mi albergue, vacié en el suelo el contenido de mi bolsa, buscando algún mendrugo que pudiera servirme de cena y, entre los desechos recolectados, había un grano de trigo de oro. Sollocé amargamente:
¡Señor, debí habértelo dado todo!
Rabindranath Tagore
http://www.libreriacafekosmos.com/libreria/index.php?option=com_extcalendar&Itemid=28
La historia narrada en “Girasoles al amanecer” aconteció en una aldea del Valle Sagrado de Perú, pero podría haberse desarrollado en España, o en la India, o en Egipto, o en Japón… O a la vuelta de casa. Lo esencial no es el espacio y sus costumbres ni la tradición y sus ritos, sino que finalmente se dé un giro más en la mirada del observador.
El instante en que una mirada se hace visión puede durar un segundo, una vida o una eternidad, ya que no es el tiempo el que lo mide sino la sostenibilidad. ¿Durante cuánto tiempo puedes atisbar el mundo sin una idea preconcebida, sin emociones que te alteren, sin un motivo, sin palabras, sin nada a lo que agarrarte? Y sin embargo, es en el borde de ese precipicio, entre las estructuras consolidadas y el abismo del vacío, donde nace la mirada, tu mirada. Es al borde de las ramas del gran árbol de la vida –allá donde las hojas tiemblan entre dos elementos, tierra y aire– donde se gesta el fruto que completa un ciclo existencial.
Entonces, siguiendo con la metáfora, toda mirada es incompleta si se adormece en la raíz, en el tronco o en las ramas -esto es, en lo fragmentario-, y se consuma cuando emerge la visión como fruto que contiene en sí mismo la esencia de todo un recorrido. El fruto de un árbol alcanza su madurez y dulzor entre dos universos. La mirada se hace visión cuando se atreve a mirar donde nadie ve nada…
¡¡¡Gracias, amig@s de Librería Kosmos, por el espacio, la oportunidad y el calor de esa llama de Conocimiento que habéis encendido en Córdoba!!!

Instituto Pablo Rueda
- Para mí la literatura es un vehículo, no un fin. Sé lo importante que es aprender a manejar el vehículo -y en todo taller literario se indaga en los mecanismos, en la técnica – pero lo que me interesa en verdad es adónde me lleva éste. Viajar. Viajar a través del silencio y del pensamiento, de la imaginación creadora, que no es lo mismo que fantasear, aunque bien es cierto que no esquivo lo fantástico ni desatiendo la voz de la fantasía cuando viene a dictarme un párrafo o me deja una imagen para que trabaje sobre ella.
- Escribo por vocación, o, aunque parezca paradójico, por necesidad de transformarme en lo que, en esencia, ya soy. La vocación, en este contexto, sería algo así como girar la mirada hacia el mundo del pensamiento; escribir, decirle a una imagen mental que la has mirado, que la has visto, y disponerte a traducirla en palabras sobre el lienzo blanco de una página. Hay una metamorfosis en este proceso que te acaba transformando personalmente, de tal manera que las mutaciones que he ido teniendo a lo largo de mi proceso vital han sido primero transformaciones en mi manera de mirar.
- En mi caso la creación literaria ha significado el puente entre lo subjetivo y lo objetivo, entre el hemisferio cerebral derecho y el izquierdo, entre los patrones de la realidad y el tejido de los sueños…
Deshacer ese verso,
quitadle los caireles de la rima,
el metro, la cadencia
y hasta la idea misma…
Aventad las palabras….
Y si después queda algo todavía,
eso
será la poesía. -
“Versos y oraciones del caminante” de León Felipe
* * *
CONSEJOS DE FEDERICO GARCÍA LORCA:
1. El poeta no debe abrigar ningún manto para abrigar las carnes ajenas: ¡antes al contrario! Debe dejar las cosas expuestas al frío y al calor.
2. Donde se alza la rosa hermética de la encrucijada, allí debes cantar tu canto (vertical y firme).
.3. Debes llenar de nubes tus poemas para que alguna vez lluevan sobre ellos y no se sequen demasiado.
4. Entre un poema y un árbol hay la misma diferencia que entre un río y una mirada.
5. No olvides nunca, para tu mejor gobierno, que la rana critica durísimamente el delirante vuelo de la golondrina.
6. Tan misteriosa es la forma y el sonido de una palabra (como) su significado real.
* * *
¡¡¡Gracias, amigas, por permitirme unos renglones en ese espacio tan ameno que estáis creando!!!