Luz del amor

Te he visto tan lejos ya…

Como una bola de recuerdos que atraviesa el horizonte del ocaso, dejándome el fulgor de lo vivido en la memoria.

Luego vienen las penumbras de la noche y me dejo ensoñar por los días venideros que ya están pintados con los colores del reencuentro.

Pero a veces me quedo sin fuerzas y se me cae el pensamiento al otro lado del horizonte, allá en la lejanía, para beber el último resplandor que dejaste en mi recuerdo…

Y, cuando al fin te alcanzo, dudo por un instante si eres halo del crepúsculo o destello del amanecer.

Luz del amor, sin mañana ni ayer, es tu presente en mi vida…

Verdad

Cuando la verdad llegue a mi vida y se pare en el resquicio de mi casa, esperando el chirrido que abre las pesadas cerraduras de los postigos y puertas, oirá rumores agrietados en el sopor de los rincones, con presunción de que otra voz acude siempre al llamado.

Cuando la verdad llame de nuevo con sus gastados nudillos, abriré, y verá que en mi existencia no tiene cabida un saludo de bienvenida mientras que un adiós siga amodorrado en el viejo sofá de una habitación a oscuras, soñando con la luz que brilla en las rendijas.

Y pasarán los días, pero seguirán detenidos hasta que una palabra se ponga en pie con pura rebeldía, invitando a que la verdad entre y se escuche, por fin, entre las paredes de mi vida.

De arenas y olas

A veces el viento trae ráfagas que humedecen la sequedad de mis arenas. Y yo dejo que sean lo que son, emociones que quieren vivirse, tocar eso que anhelan. Permito que las espumas dibujen otras formas inventadas por las olas, en este abrazo de lo potencial a lo concreto, del sentimiento a las ideas..

  • «Soy un océano enamorado de una playa» – canta la marea.
  • «Y yo soy la apariencia de un rostro, el continente de una dicha, la arena del tiempo. En realidad somos todos el gozo de amar en la amplitud de los espacios, todos vibrantes, todos renovándose…» – dice el pensamiento humedecido.
  • ¡Ay! – rompe la ola con fuerza – Pero «Todo» es esta orilla donde ahora entro para hollar esta misma playa desde unos pies descalzos y verme en los ojos de un rostro concreto, sintiéndome salada en sus labios…

Instantes sencillos

El paraíso existe.
Yo lo conozco.
Está en la coordenada cero de un instante sencillo,
en la cara –siempre recién lavada–
de un río tranquilo que brilla con aguas de plata
incluso en días plomizos.

El paraíso existe.
Yo lo confirmo.
Se siente en la despeinada ribera donde hacen concierto
cientos de pájaros, ajenos al bullir de los telediarios;
se nota en el fluir de las aguas pacíficas
que discurren sin urgencias haciéndose pasado
y porvenir en cada movimiento.

Hay poemas…

Hay poemas resplandecientes y otros cansados, poemas largos, poemas con polvo… Todos ellos me enseñan paisajes de la vida, relieves del ser.

En el levante traza el sol una estrofa de radiante esperanza, y luego escribe una línea con letras de melancolía por el horizonte de un ocaso.

Las nubes dejan caer una rima de lluvia y el viento responde levantando nubes de polvo en palabras secas que quieren mojarse.

A veces el día es una poesía demasiado larga que nos deja sin aliento para saborear el último verso o el primer beso.

Hay poemas a destiempo, poemas tristes, poemas con un grito en su trazo cadencioso… Todos ellos me enseñan panoramas del amor…