Hasta el último aliento

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

Tomo prestados estos versos de Miguel Hernández, para que vuelen esas palabras que vienen pesarosas a pronunciar la difícil encomienda de una despedida, con la esperanza de que al prenderse en vuelo sobre el adiós suenen las letras a un cántico de bienvenida.
Pero si se empeñaran algunos renglones en decir adiós, que sea a todos esos momentos en los que me he ausentado de tu conversación y de tu lucha. Ausente de los conceptos para hacerme presente en este Ahora sin orillas donde nos damos la bienvenida, cuando puedo yo darte las gracias por el fuego que ha encendido tu conversación y tu lucha.
Las gracias que siento hacia tu persona están esparcidas por muchos momentos de algunos años en los que hemos compartido tiempo y espacio, pero acude a este instante la primera vez que vi en ti al Hombre Fuego de las ceremonias ancestrales. El que sostiene la lumbre de la tribu, el calor de las almas, la fuerza sabia que, conocedora de su incapacidad para encender la noche, alumbra y calienta al trozo de oscuridad que se le pone delante.
Las gracias que siento hacia ese calor y esa sabiduría que desprende el fuego de tu vida están esparcidas por muchos momentos de algunos años, pero asoma por este instante el último encuentro en el que compartimos un propósito: celebrar unas Jornadas en Familia. Y es en este Ahora que puedo decir adiós al frío de los días fríos, y las conversaciones frías y las luchas que el tiempo enfría, para darle la bienvenida y las gracias a ese fuego que ha encendido tu vida, compañero, y enciende para la Familia un ¡Sí a la Vida!

!En memoria de Antonio Garrido, que luchó por una cultura de vida hasta el último aliento!

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Elogio a una profesora

CONJUGANDO RECUERDOS EN LA PIZARRA DE LA NIÑEZ

Un color que me transporte a la infancia:
Los almendros vestidos de blanco en la Acamuña.
Una textura:
La escarcha que cubría el olivar en los gélidos inviernos.
Un sabor:
Las natillas con canela que comíamos de postre los domingos.
Un olor:
El de los libros de texto recién estrenados en cada ciclo escolar.
Un sonido:
La voz de Doña Dolores redactando un texto en la clase de lenguaje.
Una imagen:
En las antiguas escuelas del pueblo, los alumnos de 5º de EGB somos concursantes y espectadores en el concurso Un, Dos, Tres, que recreamos en una de las aulas.  Después de algunas semanas de eliminatorias, calabazas y finalistas, mi compañera y yo somos condecoradas con el premio de la final: un libro que Doña Dolores nos entrega a cada una, El Conde Lucanor y El Libro del Buen Amor.
Un conocimiento:
Acabo de descubrir que Arcipreste de Hita se llamaba Juan Ruíz. El mismo apellido de Doña Dolores.

. . .

Hay recuerdos imborrables en mi niñez que, así como la hierba brota tímida entre las grietas del cemento, asoman rezagados entre las múltiples capas de vivencias acumuladas en la memoria. Lo que sucede a menudo es que cuando aparece el primero llegan detrás los otros, los recuerdos de la infancia que están en casa y los que juegan en la calle o hacen novillos una tarde de primavera… pero, acaso por el motivo que vengo a escribir estas líneas, vienen al encuentro los recuerdos que aprendieron en la escuela y, concretamente, de una profesora: Doña Dolores.
Hay referentes en mi recorrido que siempre puse por delante, y siempre me han alumbrado como un faro en la noche, pero sé que son aquéllos de los comienzos del aprendizaje, los de más atrás en el tiempo, los que determinaron un mapa sensitivo que después fue tomando cuerpo y realidad en el día a día. El gusto por ir a la escuela, por respirar el olor de los libros, las ansias por comprender, por conocer, se fueron gestando en mi conciencia infantil mientras tú, Doña Dolores, conjugabas frases y verbos en la pizarra. Hoy ya puedo entender que fue el amor que siempre has sentido y transmitido por el lenguaje de las palabras, el que absorbió esta aprendiza que he seguido siendo en las aulas de la vida, sentada por entonces en el pupitre de tus clases.
Hoy se conjugan los recuerdos y la conciencia que hizo su recorrido fuera de la escuela y del marco de la pizarra. El resultado es un ¡Gracias, Doña Dolores! ¡Gracias, Lola! Por haber insuflado en mi alma el amor hacia las palabras, la lectura y la poesía. Gracias por abrir en mi mente esa ventana que me ha mostrado tantos paisajes a lo largo del tiempo, en la medida en que fue asomándose la mirada de esta aprendiza sin edad.
¡Gracias, Seño, Señorita, Doña, Señora! Para mí sigues siendo un referente, por tu amor, por tu fuerza, por tu labor en las aulas y más allá del marco de la pizarra…

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La sonrisa de un girasol

La sonrisa de un girasol, disipando los grises en los que la costumbre entreteje sus rutinas. Sonrisa colmada de aurora que colorea el paisaje sin énfasis ni fatigas… Pareciera que nada nuevo sucediese cuando lavas los platos, cocinas, o trabajas en las tareas que recomponen el día a día; como si todo lo novedoso aconteciera en profesiones exitosas, a personas interesantes, en lugares más exóticos que este espacio saturado de miradas desgastadas… Y, sin embargo, algo está sucediendo en un parpadeo; breve instante en el que la espuma del fregadero produce un cosquilleo en tus manos, o el paladar se deleita probando esa sopa recién retirada del fogón… o cuando atrapas un pensamiento furtivo cuyo entendimiento disuelve el hedor de una vivencia marchita en el recuerdo, dejando espacio a la fragancia de una idea que recién abre sus pétalos. Cuando escribes tus recuerdos, transformando el ayer en algo hermoso. Pues qué queda de lo vivido sino esa mirada que, de tantas veces revivir, aprende a quitarle sombras al pasado y lo colma con las luces conquistadas en cada amanecer…

en Centro Iris Natura de Villacarrillo

¡¡¡Gracias, amigas, por esas sonrisas de girasol que habéis pintado en esta página!!!

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AudioLibro

28 de Marzo // Presentación de LOS OJOS DE LA NOCHE en Capuchinos de Alcalá la Real 

El lector viaja en el silencio de la página, conducido por un hilo mágico que sostiene las palabras… Pero, hoy, Los Ojos de la Noche han dado un paso más en el intento de acercarse, de crear resonancias en los corazones anhelantes de ese algo inexplicable que insufla aliento a lo literal. El hilo conductor de esta historia ya es una voz que suena dentro y fuera del libro…. Que disfrutéis del AUDIOLIBRO…

 Extractos del AudioLibro Los Ojos de la Noche

¡¡¡Mi agradecimiento al Área de Cultura de Alcalá la Real, y a tod@s los alcalaín@s que os habéis acercado a este Encuentro!!!

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Renace la visión

21 de Marzo – Presentación de LOS OJOS DE LA NOCHE en la Bibloteca de Castillo de Locubín


DSCF5654… No todas las montañas son iguales. Hay montañas jóvenes y otras que ya son ancianas. Montañas que transmiten la fuerza renovadora de la vida acogida en sus faldas, y otras de roca arraigada que miran cansadas el repetido discurrir de las generaciones, de historias que nacen y mueren en sus regazos. Las montañas sienten a través de las manos que reforman un tejado con goteras, de ésas salpicadas de cal DSCF5631
que pintan de blanco la fachada de una casa, y también de aquéllas que hacen repicar las campanas en la torre de la iglesia, llamando con su consigna de toques rítmicos, a la misa, el entierro o la víspera de festejos. Montañas hay muchas, pueblos incontables, gentes innumerables, pero el hilo de los recuerdos se une con la mirada de la Camuña, en cuyas faldas ha crecido un pueblo en torno al castillo árabeDSCF5647del que sólo quedan unos muros de piedra como guardianes de la memoria histórica. Los ojos de la cima no precisan del castillo para reconstruir la trama viviente en ese laberinto de callejones que se expanden cuesta arriba. Como tampoco necesitan las rocas oír los rumores de las terrazas para conocer todos los secretos que esconden las paredes de las casas…

Extracto del libro Los Ojos de la Noche

biografíaLa primavera es siempre un renacimiento. Renace la visión en estas páginas nocturnas que, como flores gestadas bajo la nieve, han querido abrirse al día con la primavera. Renace el balbuceo de los comienzos y el temblor en los trazados imprecisos, pero finalmente las palabras alzan su vuelo y dejan un rumor renovado en el pensamiento que abre sus jaulas.

¡¡¡Gracias, amig@s castiller@s, por acompañarme en este nuevo nacimiento!!!

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