Faros en la noche

Gran parte de mis lecturas y meditaciones han venido a dedicarse al Conocimiento de un mundo interior en constante cambio y siempre desconocido.

Siempre descubro teorías nuevas, abriéndose paso en las incertidumbres de la consciencia, al modo de farolillos que alumbran en la noche.

Pero acaso mis ojos, desacostumbrados a ver en la oscuridad, tan sólo hayan conseguido tantear en las penumbras qué es una piedra y qué es una senda que conduce a alguna parte desde la cual pueda percibirse, no sólo la consistencia de la realidad y sus aristas, sino también el firmamento que me rodea y a través del cual, como espectadora activa, se renueva mi asombro ante la grandeza de cuanto existe…

Inteligencia Sensitiva

Creo que fue el filósofo Wittgenstein quien dijo que los límites de nuestra realidad son los límites de nuestro lenguaje.

Quizás al intentar comprender mis sentimientos les doy más realidad y extensión de la que éstos merecen. Acaso todo sea tan simple como dejarse sentir lo que sea que en cada momento siento y no atrapar ninguna sensación dentro del contorno de las palabras, ni siquiera dentro de los marcos de la memoria. Tan simple todo como dejarle su curso a las aguas emocionales, y su paradigma a las ideas, y su campo de experiencia a las circunstancias.

Sin embargo, la Gran Inteligencia ha querido que los elementos se mezclen y se necesiten, que las aguas fluyan ligeras por una cuenca sólida, que la tierra sea fértil gracias a la lluvia, que el soplo del aire avive un fuego… que las personas nos retroalimentemos sin anegarnos ni devorarnos…

“Los límites de la realidad son los límites del lenguaje”, dice alguien; pero ahora ya no veo límites, sino Inteligencia Sensitiva entre esa mirada que define y esa realidad que se lo vive…

Al borde de las ramas

El instante en que una mirada se hace visión puede durar un segundo, una vida o una eternidad, ya que no es el tiempo el que lo mide sino la intención sostenida. ¿Durante cuánto tiempo puedes atisbar el mundo sin una idea preconcebida, sin emociones que te alteren, sin un motivo, sin respuestas, sin nada a lo que agarrarte? Y sin embargo, es en el borde de ese precipicio, entre las estructuras consolidadas y el abismo del vacío, donde nace la mirada, tu mirada. Es al borde de las ramas del gran árbol de la vida –allá donde las hojas tiemblan entre dos elementos, tierra y aire– donde se gesta el fruto que completa un ciclo existencial…

El viaje de la Conciencia

La conciencia hace un viaje en el tren de la vida. Asoman paisajes a las ventanas de la percepción. A veces pasas por un túnel y nada se ve. Pero el tren sigue avanzando. A veces viajas de día, inmerso en las imágenes del exterior o hablando con las personas que comparten tu vagón. A veces viajas de noche y se apagan los paisajes que antes reclamaran tu atención. Entonces cierras los ojos a lo externo y otro mundo se despliega en tu visión interna. Un mundo que obedece a otras leyes, cuyo fundamento no es la solidez de la materia ni la veracidad de tus creencias. Un mundo que sostienes en tu sentir.

En la superficie del sentimiento, las emociones configuran imágenes. Si tienes miedos, los ojos del miedo recrean la escena donde contemplarse. Si tienes anhelos, tus aspiraciones fijan la mirada en eso que falta. Si tienes preguntas, interpretas las respuestas con la circunstancia que te estás viviendo. Y cuando no ves la respuesta, las cosas pierden su sentido. Pero el sentido de las cosas es que cada interpretación que haces tiene su razón de ser en cada circunstancia que le da vida. En la superficie del sentir todo es cambiante, por eso, después, con el tiempo, vuelves a pasar por los mismos paisajes y miran en ti otros ojos, desde más altura, o confundidos quizá porque el cristal de tus percepciones quedó empañado a fuerza de decepciones.

¿Quién mira detrás del cristal?
¿Quién interpreta el viaje?
Todo cambia y siempre eres tú. Tú quien miras y tú quien interpretas. Y por amor a la vida, eres en eso que ves, y eres en eso que interpretas.

La interpretación más completa es la del Amor, la de la Paz. Pero no el amor de ¡ay, cuánto te necesito! Y tampoco la paz de «con esto no puedo y ahí se queda y sigo adelante.» Porque, cuando miras con amor, no hay dejadez, ni abandono ni ansiedad ni condiciones. Todo está unido en la paz, por eso no hay contra qué chocarse. El pensamiento y el sentimiento se convierten en Visión. Lo ves todo de una vez. Sientes que sabes sin saber cómo lo sabes. Es el conocimiento hecho luz. Y, sin embargo, la claridad te dice en este momento que, mientras tu tren llega a su destino, los pensamientos e interpretaciones tienen su razón de ser, igual que las nubes. Aunque el pensar no sea el Conocimiento, igual que las nubes no son el cielo.

El «Sí» que me sostiene

Entrevista en la 10ª Puerta con Santi Guerrero
Ciencia y Espíritu Televisión
¿Cuál es el «Sí» que me sostiene cuando todas mis creencias se han derrumbado?

PRESENTACIÓN: Hace una década que inicié el camino de búsqueda y autoconocimiento proyectando mis preguntas esenciales hacia lo horizontal: viajes, talleres, libros, conferencias… hasta que finalmente tomé consciencia de la verticalidad del Ser. En este recorrido que hace la “gran pregunta” en su búsqueda de un sentido más amplio y profundo, he vivido la quietud en el silencio de la meditación, y he danzado con el poder del canto sagrado, de la palabra hecha entendimiento, de la imagen que se hace poema. Y también me he rendido ante el Gran Misterio, aprendiendo de los incontables mundos que coexisten en el espacio que abarca una mirada. Aprendiéndome en ellos…

¡Mi agradecimiento al espacio de Ciencia y Espíritu Televisión y a la invitación de Santi Guerrero!