Pasar página

En cada “PASAR PÁGINA”, hay una comprensión que siempre estuvo latente y se revela a través de la experiencia.

Y es que lo que necesito, anhelo, busco…, ya está escrito y contemplado, ya ES en esencia, aunque va tomando la forma de la lectura que hago de los hechos; siendo así que no puedo leer la magia del cuento con las lentes del desencanto, ni ver la abundancia con los ojos de la carencia, ni sentir la total magnitud del amor si voy restándole por aquí y por allá con las tijeras del condicionante.

¡Cómo danzar con la vida si no escucho su música entrelíneas, entre tantas contradicciones que cantan su verdad dentro y fuera de mi cabeza!…

Y, aun así, pese a tantos imposibles, incluso sin haber entendido el “por qué” ni el “para qué” de algunos párrafos vividos, PUEDO DEMORARME EN LA MISMA PÁGINA re-leyendo los signos en un mismo nivel de rechazo o de comprensión, y PUEDO PASAR PÁGINA, agradecida, ahora sí, por el presente (regalo) inscrito desde siempre en cada vivencia que se reviste de memoria o de proyección…

Las cosas cambian

Cambian las cosas en la medida en que cambia el lugar desde donde las percibo.
Cuando miro y siento la vida a través de un cristal sombrío, las cosas me parecen sombras. E incluso parece que la sombra y la oscuridad quieren eternizarse en esa percepción, que nunca llegarán esos cambios que darán luz a lo que hoy es una sombra cristalizada en la mirada.
Por el contrario, cuando siento las fuerzas del corazón, me refiero a esas fuerzas que nacen de adentro y encuentran a su paso millones de motivos para vivir, aunque ninguno prima sobre otro, pues todos son importantes y todos tienen pleno significado; cuando percibo desde esa vitalidad, siento la luz y veo que alrededor las cosas adquieren infinitas tonalidades, como si el impulso interno estuviera plenamente armonizado con la respuesta del exterior. Entonces ya no lo pienso y, sin embargo, noto que las cosas van, y van a otro color.
En fin, yo tan sólo digo que las cosas están cambiando por detrás de cada mirada cristalizada. Y me afirmo en esta percepción: las cosas siempre cambian. Y la naturaleza de las cosas vivas es cambiar siempre a mejor…

Felicidad

No hay una fórmula general para ser feliz. La felicidad no se aprende en los manuales ni tampoco en las aulas. Nadie es examinado para comprobar si su coeficiente de felicidad está en un treinta por ciento o en un sobresaliente. La felicidad no se mide ni está sujeta a contratos de compra-venta y, en todo caso, depende de cada cual, de su disposición interna para sentirse satisfecho consigo mismo y con sus circunstancias.

Mirando el asunto desde otro enfoque, pensaba yo hace años que hay un camino para satisfacer las necesidades circunstanciales y otro que conduce a la felicidad. Hoy, sin embargo, los caminos me parecen una sucesión de momentos en dirección al mar, y me reconozco feliz en todos los instantes en los cuales no siento necesidad alguna de preguntarme dónde está Roma o la Felicidad…

El futuro al que me abro

Hay un futuro que responde a una línea interminable de repeticiones hechas en el pasado. Pero no es a este futuro hacia donde miro ahora; porque luego será lo mismo que fue antes, a no ser que ahora gire aunque sólo sea un grado en la percepción de estímulos y respuestas, de causas y efectos, de ilusiones que se desilusionan.

El futuro del que hablo, y al que me abro, me despierta desde el Recuerdo latente y no desde la memoria durmiente que adormece en su sueño. Es el Recuerdo que me hace decir lo que no sabía que yo sabía; el que me hace ver por dentro de la forma, el que roza por encima y por debajo del relieve de las cosas… el que trae la fragancia de una rosa aquí donde no hay rosas…

Percepción sin límites

Vivimos como criaturas de un bosque mental, acechando y a la vez siendo acechadas, marcando nuestros territorios, definiéndonos en esto o aquello o lo mejor; negando lo otro, lo peor es lo otro y del otro, en una constante contraposición del ser y no ser.

Las alturas de la percepción abarcan los dos extremos de la dualidad con toda su gama de contrastes. Y no hay motivo de conflicto cuando vemos que cada pensamiento, cada sensación, cada movimiento, ocupan su lugar en el todo que nos configura.

Esto lo ve la mirada que alza el vuelo y contempla las cosas desde más arriba. Ganamos la altura que se sobrepone a la jaula identificadora, y una visión más amplia acoge lo que antes hemos negado, lo que antes no considerábamos como nuestro. Son instantes de comprensión profunda, de paz expansiva donde quisiéramos anclar el enfoque de la consciencia y quedarnos ahí donde sucede la percepción sin límites: la libertad…