Felicidad

No hay una fórmula general para ser feliz. La felicidad no se aprende en los manuales ni tampoco en las aulas. Nadie es examinado para comprobar si su coeficiente de felicidad está en un treinta por ciento o en un sobresaliente. La felicidad no se mide ni está sujeta a contratos de compra-venta y, en todo caso, depende de cada cual, de su disposición interna para sentirse satisfecho consigo mismo y con sus circunstancias.

Mirando el asunto desde otro enfoque, pensaba yo hace años que hay un camino para satisfacer las necesidades circunstanciales y otro que conduce a la felicidad. Hoy, sin embargo, los caminos me parecen una sucesión de momentos en dirección al mar, y me reconozco feliz en todos los instantes en los cuales no siento necesidad alguna de preguntarme dónde está Roma o la Felicidad…

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El futuro al que me abro

Hay un futuro que responde a una línea interminable de repeticiones hechas en el pasado. Pero no es a este futuro hacia donde miro ahora; porque luego será lo mismo que fue antes, a no ser que ahora gire aunque sólo sea un grado en la percepción de estímulos y respuestas, de causas y efectos, de ilusiones que se desilusionan.

El futuro del que hablo, y al que me abro, me despierta desde el Recuerdo latente y no desde la memoria durmiente que adormece en su sueño. Es el Recuerdo que me hace decir lo que no sabía que yo sabía; el que me hace ver por dentro de la forma, el que roza por encima y por debajo del relieve de las cosas… el que trae la fragancia de una rosa aquí donde no hay rosas…

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Percepción sin límites

Vivimos como criaturas de un bosque mental, acechando y a la vez siendo acechadas, marcando nuestros territorios, definiéndonos en esto o aquello o lo mejor; negando lo otro, lo peor es lo otro y del otro, en una constante contraposición del ser y no ser.

Las alturas de la percepción abarcan los dos extremos de la dualidad con toda su gama de contrastes. Y no hay motivo de conflicto cuando vemos que cada pensamiento, cada sensación, cada movimiento, ocupan su lugar en el todo que nos configura.

Esto lo ve la mirada que alza el vuelo y contempla las cosas desde más arriba. Ganamos la altura que se sobrepone a la jaula identificadora, y una visión más amplia acoge lo que antes hemos negado, lo que antes no considerábamos como nuestro. Son instantes de comprensión profunda, de paz expansiva donde quisiéramos anclar el enfoque de la consciencia y quedarnos ahí donde sucede la percepción sin límites: la libertad…

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Tocar cielo

Hay momentos que llegan con las alas puestas y no necesitamos de escaleras para sentir, aleteando en ellos, el cielo, la magia, y ese saber directo tan inspirado e inspirador.
Hay momentos que construyen una escalera de creencias para subir al cielo y tocar el Misterio con la intensidad de una emoción o la punta de un pensamiento. Una escalera cada vez más lejana, por cierto, ya que del último afianzamiento de la conciencia surge el vértigo ante el vacío y la necesidad de otro peldaño con interpretaciones más supremas.
Y hay unos pocos momentos que configuran nuestras alas girando a la inversa las cosas y las formas, incluso las escaleras que conducen al cielo…

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Líneas pensantes

Desconozco el momento justo
en el que cambia la manera de pensar el mundo.
Mas, si me pongo a observar, veo una línea pensante
con dos extremos inseparables
(final-comienzo, tú-yo, dentro-fuera, sustancia-forma, …).
La polaridad se va transformando al percibir esa otra línea,
invisible, sensitiva, que se expande gloriosa en su recorrido,
curvándose su anverso en eterno retorno…
Me olvido de todas las circunstancias en que he percibido
la fuerza del temple, la que me arquea sin romperme,
pues ahora viene un hermoso instante a recordarme
el poder que se activa cada vez que se abrazan
los dos extremos irreconciliables de una percepción,
cada vez que se disuelve un condicionante
que le he puesto a la experiencia de amar…

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