Líneas pensantes

Desconozco el momento justo
en el que cambia la manera de pensar el mundo.
Mas, si me pongo a observar, veo una línea pensante
con dos extremos inseparables
(final-comienzo, tú-yo, dentro-fuera, sustancia-forma, …).
La polaridad se va transformando al percibir esa otra línea,
invisible, sensitiva, que se expande gloriosa en su recorrido,
curvándose su anverso en eterno retorno…
Me olvido de todas las circunstancias en que he percibido
la fuerza del temple, la que me arquea sin romperme,
pues ahora viene un hermoso instante a recordarme
el poder que se activa cada vez que se abrazan
los dos extremos irreconciliables de una percepción,
cada vez que se disuelve un condicionante
que le he puesto a la experiencia de amar…

Share Button

Ensimismamiento

Entre las múltiples miradas que se entrecruzan en una cafetería abarrotada de gente, unos ojos se detienen en una persona ensimismada allá en un rincón del recinto. Observan cómo ella se hace una con el rayo de sol que entra por el cristal de la ventana, una con el calor de la taza que tocan sus manos, una con el sabor del café, una con el ruido de fondo en el local… De repente, la mujer advierte que está siendo observada y sale de sí misma. Se rompe la magia. La entrega al momento, el abandono a un instante de plenitud colmado en sí mismo, desaparece. Las manos tiemblan ahora sobre la taza de café, y la espalda, antes relajada, adopta involuntariamente la postura de alerta. La máscara se antepone al flujo en una milésima de segundo.
En las lecturas que se remontan al origen de la primera partición, de la primera frontera entre lo externo e interno, entre tú y yo, pareciera que hubiésemos de recorrer distancias y milenios y pruebas insalvables para recuperar el cielo perdido, el edén del que supuestamente fuimos expulsados. Y, sin embargo, el retorno, la recuperación de esa percepción de unidad, acontece fuera del espacio y el tiempo, en la pausa entre respiración y respiración, en la detención de toda actividad mental.
El caso es que, pese a recordar por un breve instante el cielo que nos habita, los ojos que nos miran detonan en la mirada del yo -el sol quema ahora, la taza de café quedó vacía, en el local hay demasiado ruido, alguien me está mirando, ¿qué pensará de mí o qué se habrá creído?…-. Y, sin que nos demos cuenta, ya nos ha devorado otra vez el olvido…

Share Button

¿De qué depende?

“Ser feliz no depende de nadie”

Ahí andamos, tratando de anclar frases positivas en todas nuestras células y en todos nuestros espacios, sobre todo en los que pisa nuestra realidad. Ya sabemos desde el intelecto. Ya vamos viendo. Pero a veces se resisten las emociones, sobre todo las espesas, las que gritan su hambre de carnaza miserable que las mantenga vivas, y su grito nos araña las entrañas.

En ese reclamo vienen los recuerdos a la mente, las frustraciones, los desengaños, los desencuentros. Y le ponemos un nombre a nuestra desazón, y un rostro, y unos ojos que nunca nos vieron realmente, porque siempre miraron su propio brillo o su propia sombra en el espejo que nuestros ojos ofreció al mirarlos. Es entonces cuando despierta y ruge en nuestro interior la fiera de la desazón y la ansiedad, adormecida e indolente en la letanía de las frases positivas que no alimentan el sufrimiento.

Entonces es cuando digo “Ser infeliz tampoco depende de nadie” Yo alimento la dicha y también el desasosiego. Y cuando me quedo sin fuerzas para la una (la dicha) y para lo otro (el desasosiego), viene el recuerdo de nuestra amistad, el propósito común de ser felices, de ser plenos, de acudir a esa cita que tenemos con el amor auténtico; el que no depende de nadie, el que no pone ninguna puerta delante donde haya que llamar, porque ya nos está llamando desde adentro…

Share Button

Luces y sombras

Los espacios se saturan de cosas que pintan sombras en los rincones. No me sirve la información del día en los espacios de la mente que viven su noche. No quiero más información, ni más sombras que la sombra fresquita de un gran árbol en una tarde de verano. Que venga y entre la luz en estos habitáculos de mi mente. Y reclamo la claridad peleándome con los muros de mis percepciones, intentando romper el molde, la estructura que le da identidad a la confusión. Acaso, en lugar de quedarme aquí a discutir con las penumbras, lo mejor sería salir fuera y nutrirme de la luz de la luna, la luz de las estrellas, la luz de una luciérnaga… Pero ahí, al otro lado de los tabiques de esta percepción, está el frío, está el riesgo, está la desnudez, y está el miedo a lo desconocido. Entonces, ¿cómo cuestionar una estructura, un paradigma, una forma, sin antes superar los motivos que a ésta me adhieren?

Share Button

Libertad de ser

Caminando por el centro de Barcelona, me hablaba una amiga de esos momentos que no podemos atrapar y en los cuales nos sentimos como si estuviéramos dentro de una pompa de jabón. Al llegar a la plaza de Catalunya volaban por el aire inmensas pompas de jabón, junto a incontables palomas cuyas plumas llevé al encuentro previsto en el Cau de les Arts. Y allí, entre risas, poemas y demás intercambios, nos sentimos felices como si estuviéramos dentro de una burbuja.
Me gustan los lugares y encuentros que permiten a las personas ser felices, dejándolas ser lo que son, aunque sean diferentes a nosotros. Me siento constreñida en los espacios que cohíben la felicidad porque nadie se deja ser lo que es. Hay encuentros propicios para que la magia y la realidad se convivan. Pero estamos más acostumbrados a esos lugares comunes que definen nuestra realidad y rechazamos lo que no se asemeja a esa percepción de lo real. Acaso el lado sufriente de nuestro paradigma se enraíce en que nos resulta hiriente la forma en que otros exponen sin disfraces su libertad de ser…

Share Button