Open Heart

En un magnífico escenario con parajes preciosos, se celebró el Festival Internacional por la Paz, en Santa Susanna, Barcelona…
Una Gran Apertura sentimos y respiramos quienes pudimos vivir este Encuentro en vivísimo directo.
Mi enhorabuena a la organización, voluntariado, artistas, maestros, participantes, artesanos, músicos, danzantes… y también mi agradecimiento a los lectores que os acercasteis al rinconcillo mágico donde tantas plumas hicieron guiños de colores… Festival Open Heart

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Primeros pasos

¡Gracias, Barcelona, por ofrecer un albergue en los primeros pasos de Miradas Peregrinas! Agradecida por tantos encuentros espontáneos y presenciales que se dieron en la Feria de la Tierra y el Día del Libro… Una oportunidad inmejorable para arrancar motores después de muchos meses de retiro… Y ¡Sí! La Magia de las Relaciones sigue haciendo conexiones, como instantáneas de gran nitidez que quedan grabadas para siempre en el Gran Álbum de la vida… ¡Gracias, gracias, gracias!

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Mujeres dentro de una mujer

Tantas mujeres dentro de una mujer…
La primera que conocemos, la madre que nos pario, la cual, tengamos hijos o no, sigue extendiendo sus brazos desde adentro de los nuestros, en el cuidado que ponemos allá donde llega nuestro compromiso, al alcance de nuestros brazos.
Otras veces, da igual lo grandes que nos hizo el tiempo, somos hijas necesitadas de un abrazo más grande que el que nosotras mismas podemos darnos, porque no siempre estamos al alcance de nuestra capacidad de consuelo.
Un abrazo o un zarandeo que sacuda esas cargas que se nos adhieren a la espalda, ahí donde no alcanza nuestra mirada.
Al lugar de las confidencias acudimos como amigas, como hermanas. Como soledades compartidas que dejan de estar solas en un rato de complicidad. ¡Qué importa lo que hacer o decir! Siempre surge el momento de las confesiones, de abrirnos a la intimidad de reconocernos más adentro de las diferencias. Y ahí, compartiendo nuestra esencia, nos damos cuenta que la esencia femenina nos alimenta con un mismo y único pecho.
Alguna vez nos dimos la espalda por acaparar el fulgor de un mismo corazón que se puso delante. Pero la vida siguió girando y también pudimos girarnos para comprender que ese corazón por el que competíamos siempre estuvo en nosotras. Sólo era cuestión de desenmascararlo y desenmascarnos.
Conocedoras del juego, nos hemos apoyado en la complicidad de saltarnos las normas y también hemos cuidado de que la norma se cumpliese, ante todo, para no caer en el barro donde caímos antes, ante todo por no irnos hacia el otro lado de los límites de nuestra impecabilidad.
A veces hemos visto más de lo que vimos. Alguna vez sabemos menos de cuanto supimos. Pero lo cierto es que en cada presente tienen más realidad los sueños que pintábamos antaño, cuyos esbozos son más luminosos porque tienen el resplandor de la conciencia, de lo experimentado tierra adentro de esas vivencias donde fuimos a dar más luz.
Por eso la Madre Tierra nos abre sus cuevas, donde seguimos gestándonos a nosotras mismas, donde ahí dentro, y desde adentro de nosotras, cantan juntas todas las mujeres que nos habitan:
Mujer, yo soy mujer, mujer de luz, mujer de amor.
Mujer yo soy mujer, mujer de vida que da calor.
Mujer yo soy mujer, mujer que vibra en un mismo corazón…
Sin onomástica ni cumpleaños. Viejas como la luna oscura, que se ha tragado su luz de tanto vivir; inocentes en la luna nueva que se cree en la bondad del cuento, ignorando maldades. Aprendices en luna creciente, y rebosantes de resplandor como el plenilunio.
A ratos el sol de cada día nos lleva en volandas de su aliento, y otras veces parece que llevamos el peso de todos los nubarrones acostado en nuestro pecho… Sin embargo, siempre, siempre, siempre, estamos siendo abrazadas por la Esencia, aunque nuestros brazos no caigan en la cuenta, por eso de estar siempre allí donde hace falta echar una mano…

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¡Felices Fiestas!

Que cada uno de los días de nuestra vida sean Navidad… que recibamos como regalo una sonrisa o un beso… que nos abracen… que se cumpla un deseo que pedimos hace tiempo a una estrella fugaz… que sigamos teniendo un sueño aunque se haga realidad cuando llegue su momento… que brille el sol y la luna y las estrellas en nuestros cielos internos… que bailemos al son de la música que nos hace vibrar… y que sigamos encontrándonos en algún rincón del año nuevo…

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Navidad

Entre tantas imágenes navideñas, buscaba esta mañana una que mostrase un gran árbol, uno de ésos con muchas ramas donde colgar todos los momentos que le dieron luminosidad a nuestra vida; con otras ramas que se vayan encendiendo a su tiempo, porque también el Gran Misterio se desvela a sí mismo poquito a poco; con ramas deshojadas de lo que ya no es, que a su vez dejan espacio a otra primavera que se irá gestando en esa misma desnudez…
De pronto me encontré con esta imagen y pensé: ¿Por qué un árbol solitario? Mejor un bosque. ¿Por qué el agua en copas? Mejor un río rebosante de vida? ¿Por qué no un puente que nos conecte y a la vez conectado con la Naturaleza? Un puente por el que se acercan aquéllos a quienes amas y te quieren. ¿Por qué no un Hogar con el fuego encendido, con velas encendidas, con corazones encendidos?
Entre tantas evidencias externas que decoran la Navidad, en las calles, en las mesas, en el comercio… buscaba esta mañana esos breves instantes en los cuales he sentido que se me encendía el corazón. Y de pronto he visto que hay una navidad íntima y personal (que no está sujeta a ninguna fecha ni estación) cada vez que renace el amor en tu corazón. Cada vez que se renueva en ti ese sentimiento de dicha infinita por sentirte conectado, vinculado, unido a algo que no puedes abrazar por completo, pero por lo que te sientes completamente abrazado. Y no puedes sino agradecer por ese presente, ese regalo. Sí, de pronto lo he visto: El Amor es el Gran Regalo, aunque el resto del año nos llegue sin papel de regalo, ni luces, ni decorado…

 

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