Relaciones vivas

En la receptividad o las puertas abiertas de la bienvenida, del encuentro, está la alegría, el gozo del reconocimiento; y en lo incondicional está el origen donde brota la felicidad porque algo vivo se adentra en tu vida.

Cada relación que despierta es un nuevo instante de felicidad y reestructuración personal. La alegría mana del núcleo y llega hasta otro núcleo. Luego serán los avatares de la experiencia los que escriban la biografía de los hechos, pero en la esencia del relato está la materia esencial.

Esta materia sustancial expresa tranquilidad dentro de la euforia, júbilo sin alterar los nervios, animosidad sin soltar los estribos, emoción sin perder la cabeza. Prima la incondicional alegría, que es responsable porque sabe que lo descubierto es poco, frente a lo que queda por descubrir. Está todo por construirse y nada se da por hecho.

Comprenderse es un camino que avanza dentro del sí mism@. Comprender a quien amas es un camino que se adentra en las profundidades de otro ser, hasta llegar a un punto en que quizá puede detenerse (también ser reemprendido en otro momento). Es un camino del día a día donde se van ganando, no se sabe bien qué, si paciencia, superación, conocimiento… Pero, sin duda, se va haciendo más sólido y más real, tanto el sentimiento como la vivencia que el sentir lleva consigo. Realidad que va de la esencia a la superficie, como la lava de los volcanes que va saliendo del núcleo. Es una experiencia viva, que remueve emociones y sentires por dentro, que no deja indiferente, igual a la entrada que a la salida.

Y cada nuevo trayecto de cada relación trae paisajes nuevos y experiencia renovada, que van despertando a otros horizontes. O también se podría decir que va agrandándose el mundo conocido. Nos hemos traspasado hasta encontrarnos en la esencia, en el núcleo, y hacemos viaje hacia la corteza terrestre, la superficie, aquí donde vivimos con los pies en la tierra, la cabeza apuntando al azul del cielo. Tierra, agua, atmósfera, sol… el gran universo de relaciones vivas alrededor nuestro y de puertas para adentro.

Aprendizajes

Es tan humano tener, o crearse expectativas, como aprender que el hecho de relacionarse invalida cualquier expectativa personal. La complejidad de las relaciones supera con creces a la enseñanza del colegio en que sabes qué materias tiene el curso y de qué lecciones se compone cada asignatura. El aprendizaje en la vida real, y concretamente en las relaciones humanas, es algo que escapa a cualquier programación previa.

Cuando medito en “qué aprendo realmente en el acto de relacionarme”, veo tramos que se convierten en nuevas etapas del viaje, indicando puntos de llegada que son nuevos puntos de partida en la culminación e inicio de un nuevo recorrido de conocimiento. Y observo que cada movimiento interno, que luego se manifiesta en un compartir experiencia, supera con creces el marco particular de aspiraciones y deseos personales.

En lo vertical, experimento el aprendizaje personal como una inmersión en las profundidades y un salto hacia lo transpersonal.

Y, en la línea horizontal, vas aprendiendo realmente a comprender mejor a las personas, sobre todo cuando recuerdas que tú también pasaste por lo que están mostrando, al margen de estar de acuerdo o en desacuerdo. De esta forma se llega a ver toda relación (incluso aquéllas que ya no son relación) sin más conflicto que el que tengas con tu propio recorrido.

Es un signo de victoria, en el aprendizaje, el simple hecho de comunicarse con sinceridad, poniendo sobre la mesa las cartas que ahora conoces, con las que cuentas. Algo parecido a: “no evadir la realidad, como premisa necesaria para evitar la invasión de lo ilusorio”.

Con-vivencias

Es verdad, son verdad las muchas cosas buenas de la vida y las muchas cosas genuinas de nosotros mismos. También es realidad ese otro laberinto de vías y encrucijadas y entresijos externos, del cual podemos sustraernos, pero no irnos, sino con-vivirnos en la mejor forma que podemos y sabemos hacerlo.
Y es cierto que, observando la energía y el tiempo y el esfuerzo de cada paso por el día a día, veo que la con-vivencia hace acrobacias entre tantos contrastes que nos desplazan y sujetan en los extremos de la identificación… y ese afianzamiento en lo Único que Ahora Es, donde, ligeros de todo lo demás, podemos soltarnos, descansar, y vivir-Nos…

Así como las lentejas…

Muchas veces el asunto de las relaciones es algo así como la preparación de unas lentejas, que a veces salen ricas y alguna vez se pegan. Hace unas semanas, yo misma preparé este potaje para la familia, y una parte de las legumbres acabó pegada al fondo de la gran olla. Lo sustancioso del asunto es que ninguno de los comensales se levantó de la mesa, ni devolvió el plato, ni me culpabilizó, ni psicoanalizó mi estado de ánimo, ni dejó de hablarme, ni lo interpretó como una afrenta personal…
Son fáciles las relaciones cuando las personas nos encontramos en espacios abiertos y, llegado el momento, nos retiramos. Sin embargo, las relaciones que nos transforman son ésas que nos hacen caer por un tiempo determinado en una «gran olla» junto con otros ingredientes. El fuego de la experiencia hace la alquimia. A veces la fusión es deliciosa y nutritiva a muchos niveles, y alguna vez se pegan las lentejas. La mirada crítica sólo ve el resultado final y cristaliza el sabor a requemado en la memoria. El corazón mira la dedicación, la ilusión, el esfuerzo sostenido, la voluntad… y se alimenta del amor que participa en el potaje de cada experiencia…

En la distancia

En la distancia siempre hay proyección propia, y siempre hay distancia entre dos seres que no se manifiestan desde la unicidad, desde esos espacios comunes que recogen e impulsan lo auténtico y genuino que llevamos dentro.
En la distancia creemos que el otro es así, o de la otra manera, sin darnos cuenta de que estamos cuestionando percepciones mentales, cuadros en el museo de los recuerdos propios, que el otro ha detonado. Y siempre hay distancia si falta la comunicación íntima, las ganas de actualizarnos, de renovarnos en ese estiramiento de ti hacia mí, de mí hacia ti.
En la distancia siempre estamos solos, con nuestros propios fantasmas que nos acompañan. Y siempre hay distancia, aunque estés aquí al lado, si necesitas interpretarme, analizarme, ubicarme en tu marco de percepciones. Siempre estamos lejos si en el impacto de la cercanía no se nos han caído todas las psicologías y nos abrazamos con la mirada, con la sonrisa, con la alegría de cada re-encuentro que nos re-nueva.