Tan cierto como el amor

Todas las letras responden a un único lenguaje, el lenguaje del amor, cuando es el amor quien dicta las palabras.
Pero, el amor, más que las palabras, es la vivencia que llevamos dentro impulsando con fuerza inagotable por convertirse en otra primera vez que rompe moldes caducados, a plenitud de presente, sin necesidad de congeladores mentales.
Es la fuerza natural del amor que navega sin hundirse por los confines de otra persona que no sea una misma, siempre “auto-misma” dentro de la misma canción: “yo-mi-me-conmigo”. Es probar ese salto del uno al dos, tan corto y pequeño como parece, pero que sigue siendo un gran salto, acaso tan grande como el que nos hizo saltar del cero al uno, de la nada a la vida.
Un poco que pone la propia naturaleza en vivir la experiencia y otro poco que pone la fuerza del amor. Se aúnan ambas fuerzas y dan como resultado un “en amor darse”, un poco más y un poco mejor cada día. Un poco más hacia fuera de los escondrijos y los rinconcillos reservados para amar, desnudos cada vez más de los eufemismos de no querernos ver como somos en realidad.
El amor, todos queremos el amor. Todos vamos detrás del amor, como vamos detrás de la felicidad, buscando la línea de autobús o la línea ferroviaria y los horarios del amor y de la felicidad. Y ya de paso, el éxito, la aceptación, la abundancia… Queremos el todo completo porque, vivido por partes, pareciera que nos cayésemos por los huecos de lo que falta.
Por eso el amor es un extenderse hacia delante y es un adentrarse hacia la raíz de nuestras motivaciones. Y es un cultivar la paz como trasfondo que sostiene nuestros extravíos y caídas, como sustancia que llena el vacío. Algo tan simple (y tan complicado) como estar en armonía con el momento y entorno que nos toca vivir, sin abrir nuevas fisuras porque nuestros semejantes están de acuerdo con lo que su momento les pide que vivan.
El amor, tan verdadero como el aire, tan cierto como la luz de la noche y la del día…

Corazón eterno

El corazón humano nace inmenso
porque recuerda el amor
de la eternidad,
pero a fuerza de existir
se va haciendo pequeño
e impermeable a la Esencia;
acaso por eso se rompe
en pedazos a fuerza de amar,
para no olvidarse que es eterno…

Alargando el tiempo

Si llego a saber que teníamos tan poco tiempo, le hubiera restado horas al reproche, a la indiferencia, al desencuentro, y hubiese alargado las miradas, los abrazos, haciendo, si cabe, más largos los besos, para tener más segundos de ti en mi boca, en mis ojos, en mi pecho…

Y, sí, llego a saber, al fin, que no se trata de tiempo, ni siquiera de cómo nos gestiona el tiempo, sino de cuánto amor despierta en cada instante dormido que sueña con darle cuerda a la eternidad…

Amantes y amados

La diferencia entre amarte y quererte…

Amar es una entrega sin límites ni condiciones ni exigencias.

El “querer”, sin embargo, lleva un contable incorporado que se descontrola, volviéndose incluso dañino, cuando las cuentas se pintan de rojo en su fórmula matemática, que no mágica.

La fórmula mágica dice que la vida siempre corresponde a lo que hemos entregado, pero el “querer”, tan personal y personalizado, se empeña en que la retroalimentación llegue desde ahí donde ponemos nuestros sentires.

Acaso por estos desajustes entre lo que esperamos del otro, y lo que el otro puede o quiere o le nace del alma entregarnos, es tan fácil irse del extremo del «querer» al del despecho.

Y por esto es tan interesante que la experiencia nos haga vivir en los dos lados del espejo, a veces como deudores y otras veces como acreedores. Pero ¡no nos quedemos en lo interesante! La experiencia es liberadora cuando logramos romper el cristal ilusorio de la polaridad, cuando tú y yo somos al fin como al comienzo: amantes y amados…

Acompasamiento

Y al final todo concluye en el comienzo:
en que tú y yo estamos encontrados en la esencia
aunque no acabemos de encontrarnos en las formas.
Esto es que algunas formas tuyas y mías
hacen chirridos cuando se rozan.
Pero, si tú afinas las notas y yo afino las palabras,
puede surgir una preciosa canción de nuestro encuentro.
Un canto acompasado que podría empezar diciendo:
«Desde siempre te espero porque he de amarte para siempre…»