Melancolía

Si no sintiera melancolía, creería que ya he llegado, que ya soy plena.
No he conocido a ningún buscador que no sienta la nostalgia de regresar a casa. Ken Wilber lo desarrolla muy bien en su obra “Después del Edén”: “El ser humano ha creado un mundo de sustitutos que mitiguen la desazón por haber perdido su paraíso”…
La desazón de este asunto no está precisamente en el disfrute de esos sustitutos, ¡ojalá nos colmaran de satisfacción! sino en esa ansiedad que genera, sin saciarse, más y más sustitutos que colmen el hueco vacío.
La euforia de conseguir un logro nunca se sostiene por sí misma, se alimenta de verbos como conseguir, alcanzar, tener, lograr, querer… se sujeta a la impermanencia.
Tal vez por esto, la euforia es tan contagiosa, un estallido de masas.
¡Ah! Pero yo vine a decir algo de la melancolía. Esa música callada que suena en la intimidad y que me recuerda un “no sé qué lugar”…

Share Button

Como una hoja

Si dejas de danzar con el viento, la música se acalla en ti.
Si no te sueltas en esos segundos de entrega plena, desasiéndote de la práctica de las horas que siguen la misma práctica de siempre, el tiempo se olvida de darte cuerda.
Si no confías en que el viento te sostendrá en sus brazos, es que no has visto a la mujer que tiembla en una hoja.
Y, aun así, si se secan las hojas en las ramas de tu pensamiento, puedes darte cuenta a tiempo, escuchar de nuevo la música, y bailar con la lluvia…

Share Button

Fluyendo

Después de tantos trazados en el aire, que hacen y deshacen los contornos del sentimiento, fluyo y refluyo en el elemento agua, sin sujetar la mirada en esa orilla que excluye la otra, el lado opuesto; ya sea en forma de pretensión afanosa por estar en otro lado, o en los múltiples argumentos que elabora el rechazo.
Fluir, al menos en mi caso, no quiere decir que todo se lo ha tragado el agua, sino que abrazo a la consistencia de la piedra que encuentro a mi paso, sin pelearme con ella, aprendiendo de la naturaleza que se manifestó así y ahí.
En mi caso al menos, fluir es también dejarme abrazar por las dos orillas que configuran mis contornos en constante y natural oposición…

Share Button

En el mediodía del verano

En julio el melón echa dulzor, color y sabor … (dice el refranero)

En el núcleo del verano, arde julio, intenso, caluroso, con las merecidas vacaciones por vivir, o ya disfrutadas por quienes hacen caso omiso a los refranes y gustan de degustar el frescor de un melón antes que su dulzura.
Ya está aquí julio, con su mediodía soporífero, cuando el sol se deja caer en los poros de la piel, y pesan los pasos en las aceras urbanas, y pesan los párpados, entornándose en cada mirada como cortinas que amortiguaran el exceso de luz… Ya podemos saborear las noches estivales, de verbena, de paseos a la fresca orilla de un río, o de un bulevar marítimo, cuando los pasos se aligeran de pesadez en pausada lentitud, como si se deslizaran en la humedad de la brisa, mientras los ojos se abren, sin cortinas ya, a un cielo estrellado que mira impasible por encima de las trémulas luces de neón…

Share Button

Ser viento

Abrirme al soplo del viento
y ser por un respiro aire.
¿Sólo aire soy yo?
El viento responde con más fuerza
y soy por un momento huracán
que sacude las quietudes de la contemplación…

Share Button