Día del Libro

Recuerdo hace muchos años cuando escribía cartas con el pulso de la mano, notando como si todo el sentir de mi corazón se extendiera en la tinta del bolígrafo, desparramándose en esos renglones empeñados en torcerse hacia la esquina superior del folio. Tantas emociones temblorosas que quedaron grabadas en cada correspondencia… Me acuerdo que luego hice una plantilla con líneas rectas para ponerla debajo del papel y así le gané la batalla a las curvas, viajando las palabras con más seguridad por la superficie de la página. Ahora que lo pienso, es como si mi naturaleza esencial no entendiera de líneas rectas, pero finalmente hubiera sido encauzada en la rectitud de la línea. Más ilustra esto que comento cuando vino el ordenador y quedó resuelto para siempre el asunto de la exactitud en el trazado. El pulso pudo relajarse definitivamente pasando el relevo a la punta de los dedos que a su vez aprendieron a traducir en pulsaciones rítmicas el flujo de cada emoción emergente.

Después de tantos años y tantas páginas escritas, las que están publicadas y las que siguen almacenadas en los archivos del ordenador, viene en estos tiempos la naturaleza esencial (la voz que sobrevuela el papel o lo traspasa) a rescatar sus dominios, sobreponiendo la palabra viva a la palabra impresa. Toma mi garganta la pluma cuando ve un corazón receptivo, cual si fuera éste una invisible página blanca, y escribo en el aire, en el instante real de cada encuentro, palabras nacientes, temblorosas a veces, con sus curvas y relieves.

No habrá estanterías, ni encuadernaciones, ni títulos, ni autógrafos para estos capítulos dinámicos, expresados en tiempo presente; pero cada año hay un Día del Libro celebrado donde puedo mostrar las frases que se empeñan en salir de la rectitud de la línea para cantarle al viento la dicha de cada reconocimiento, la alegría de haber encontrado por un instante esa magia compartida que le dio a las palabras razón de ser y también libertad al ser.

Un abanico loco de plumas

Tengo que agradecer a un amigo que me haya invitado a descubrir a Cortázar. La única reseña que tenía de este autor es un libro que me regalaron hace años: Historias de Cronopios y de Famas. Por entonces todavía no se disponían mis plumas a hacer abanicos locos, o estaba demasiado ordenada mi locura para entender el mundo como ese “ladrillo de cristal” en cuya tarea de ablandar (para abrirse paso por la “masa pegajosa”) se afanó el perseguidor de lo fantástico (Cortázar) en el recorrido de esta obra. En el paseo rápido que hago ahora por sus relatos cortos compruebo que ha tomado vida “la esperanza sedentaria que se deja viajar por las cosas y los hombres, y es como una estatua que hay que ir a ver porque ella no se molesta”.

Como una figura atrapapolvos, indiferente en el estante de los libros, ha esperado durante años esta pequeña guía para locos, dispuesta siempre (como toda creación artística) en la tarea de pasar el testigo al lector: No hay conquista de la que pueda alardear ninguna conciencia actual pues siempre hubo expedidores que se aventuraron antes en esos espacios inéditos del “otro lado” donde algunos buscadores extraviados intentan encontrarse… ni hay soledad cuyo grito al vacío no le haya sido devuelto en el eco de una soledad más sola… ni tampoco hay locura desnuda que no haya tejido su traje con retazos de sentido propio, impermeable y resbaladizo (a ser posible) para no quedarse adherida a la “masa pegajosa” del sentido común.

Hace tiempo que no me atrapa una lectura más de cuatro párrafos seguidos, quizá por esto mismo me ha dado tanta alegría ver desperezarse mi curiosidad en esta pequeña recopilación de relatos. Y es que hoy he podido apreciar lo que todavía no estaba preparada para «ver» hace años, cuando el libro me fue regalado. La magia duerme en cada criatura literaria a la espera de que el lector transite la esencia de esos espacios descritos, pudiendo así despertar, acercar a «este lado» de la realidad, un paisaje latente por detrás del horizonte hacia el que dirigimos la mirada.

La «esperanza sedentaria» hace un giro mágico despertando de su indiferente quietud para viajar por las páginas cotidianas y tallar un guiño en sus ojos de estatua, una señal indicadora en el camino: Sigue adelante. No te preocupes si dejaste detrás algo sin resolver: una disculpa sin justificación, dos libros sin leer, tres propósitos sin concretar, cuatro verdades sin conformidad, mil preguntas sin responder… sea lo que sea vendrá a tu encuentro en el momento oportuno, ya que todo eso camina (se transforma) aun si tú no caminas, aun por otros derroteros dormidos en tu conciencia, aun con formas distintas.

Y, finalmente, re-conocer el re-encuentro es aceptar que el trayecto puede convertir las alas del pajarillo que ayer cantaba en tu ventana en un «abanico loco de plumas» que hoy te airea el corazón y zarandea a tu risa de su reposo.

Los Ojos de la Noche

(…) Hay recodos donde las aguas se quedan como dormidas, sin movimiento. Se detienen un rato a soñar en la inocencia de dos almas sin heridas que cantan a la orilla del río. Todo el cauce se estremece de emoción y saltan chispeantes las gotas cuando esos dos niños juegan a encantarse. La magia de las relaciones conecta el latido de esos dos corazones trovadores con las aguas que fluyen en el recorrido de sus días. Llueven las lágrimas, piensan las nubes, silencio en las gotas de rocío, y ríen los chapuzones en el giro incansable de las estaciones. En la memoria de las aguas, indiferentes a los avatares de esos pies que caminan por las horas del tiempo, se gesta el reencuentro de dos ríos que han de fundirse en una sola corriente… Extracto del libro Los Ojos de la Noche

Leerte

Son momentos de magia al leerte.

Te leo desde el silencio y me escucho en el rumor de tus paisajes.

Es lectura por los contornos de las letras y también por las profundidades.

Te leo con amor, por decirlo con pocas palabras.

Y es amor que crea una familia de muchos nombres: reconocimiento, admiración, empatía, afecto…

Nada que discrepar de tus enfoques.

Es mágico leerte porque no veo diferencia entre lo que dices y leo.

O, por decirlo con otras letras, tus páginas despiertan lo que ya estaba escrito en mi silencio…

Editorial Abelia

Buenas noticias en estos comienzos de mayo, mes de las flores.

Hoy es un buen día para agradecer a la Editorial Abelia por renovar el rostro de Girasoles al Amanecer, insuflándole nuevo impulso…

En el interior de sus páginas permanece intacta la fuerza, magia y comprensión de una vivencia transformadora… 🍀

Y dando unos pasos hacia atrás, os cuento que, desde el comienzo de mi trayectoria literaria, Nathalie Nascimento trabajó de forma desinteresada en el diseño gráfico, maquetación e ilustraciones de mis libros publicados. El sello de su amor y creatividad quedó impreso en cada uno de ellos y, más allá de los colores y formas, ahí seguirá impreso por siempre jamás… ¡Gracias de corazón, Nathalie!

Editorial Abelia