¡Feliz Verano!

(…) En las calurosas y largas tardes de verano, hasta el aire hace la siesta en la casa de las golondrinas. El tiempo se detiene, la brisa se demora, los pájaros enmudecen sobre las ramas quietas de los árboles frutales… La luminosidad veraniega realza las formas y aviva los colores. Sólo el rosal que nadie mira pone su tonalidad mustia, aunque a nadie le pase desapercibida la fragancia que a ratos exhala sobre el entorno. Ha sido plantado en un rincón sombrío del soportal de la casa, donde las ramas espinosas se estiran hacia la claridad de los rayos del sol, que apenas las rozan.
– Abuela, ¿por qué crece tan desgarbado este rosal?
– A veces, cielo, no es por capricho lo que vive torcido y desgarbado, más bien es que el rosal está buscando la luz que nunca le ha tocado…
Extracto del libro Los Ojos de la Noche

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Entre lo sutil y lo concreto

Puedes vivir en equilibrio entre el mundo sutil y el concreto, pues ambos se sostienen en la misma Mirada. Ahí estás tú, en el perfume y en la flor, surcando senderos con la sensación de que infinitas mariposas aletean en los cielos de tu corazón, y, claro, es normal que tu razonamiento quiera atraparlas entre sus muros. Ahí ha estado siempre el asunto, dentro o fuera de tus muros. Pero ahora que has descubierto la unidad, sabes que ambos hemisferios pueden coexistir en armonía. Ya no quieres flores sin perfume ni tampoco fragancias sin jardín… // Extracto del libro Los Ojos de la Noche

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El Día del Libro

Recuerdo hace muchos años cuando escribía cartas con el pulso de la mano, notando como si todo el sentir de mi corazón se extendiera en la tinta del bolígrafo, desparramándose en esos renglones empeñados en torcerse hacia la esquina superior del folio. Tantas emociones temblorosas que quedaron grabadas en cada correspondencia… Me acuerdo que luego hice una plantilla con líneas rectas para ponerla debajo del papel y así le gané la batalla a las curvas, viajando las palabras con más seguridad por la superficie de la página. Ahora que lo pienso, es como si mi naturaleza esencial no entendiera de líneas rectas, pero finalmente hubiera sido encauzada en la rectitud de la línea. Más ilustra esto que comento cuando vino el ordenador y quedó resuelto para siempre el asunto de la exactitud en el trazado. El pulso pudo relajarse definitivamente pasando el relevo a la punta de los dedos que a su vez aprendieron a traducir en pulsaciones rítmicas el flujo de cada emoción emergente.

Después de tantos años y tantas páginas escritas, las que están publicadas y las que siguen almacenadas en los archivos del ordenador, viene en estos tiempos la naturaleza esencial (la voz que sobrevuela el papel o lo traspasa) a rescatar sus dominios, sobreponiendo la palabra viva a la palabra impresa. Toma mi garganta la pluma cuando ve un corazón receptivo, cual si fuera éste una invisible página blanca, y escribo en el aire, en el instante real de cada encuentro, palabras nacientes, temblorosas a veces, con sus curvas y relieves. No habrá estanterías, ni encuadernaciones, ni títulos, ni autógrafos para estos capítulos dinámicos, sembrados en tiempo presente; ni un Día del Libro celebrado donde pueda mostrar las frases que se empeñan en salir de la rectitud de la línea para cantarle al viento la dicha de cada reconocimiento, la alegría de haber encontrado por un instante esa magia compartida que le dio a las palabras razón de ser y también libertad al ser.

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Palabras pretenciosas

Acaso en mi obra sean las palabras demasiado pretenciosas en su intento de señalar la unidad -que a su vez señala tantas roturas en lo fronterizo de la experiencia-. Y es que a veces la distancia que nos separa puede convertirse en un abismo que produce vértigo, o un simple hueco imposible de colmar, o una grieta que nos provoca el desgarro… Alguna vez es la insatisfacción que despierta, o el letargo de la satisfacción acostumbrada.
¿Son demasiado osadas las palabras al saltar, colmar o unir? Quizá parezcan utópicas al situar las imágenes por encima de los procesos, teniendo en cuenta que no hallé la forma de eludir mis propios procesos, culminen éstos, o no, en la belleza de dos lados contrapuestos que se abrazan.
Pretenden algo, sin duda, las palabras que eliminan abismos sobrevolándolos, cosen fisuras en lo sutil, colman el hueco con el intento. Luego cada cual experimenta su proceso vital, pero las palabras siguen en el aire, se respiran, alientan, y algunas nos recuerdan, cuando estamos muy lejos, que no hay distancia donde todo está unido, ni hay nada que alcanzar porque todo -el otro también- está aquí, en ti …

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La intimidad de la página

Más allá de los géneros literarios, busco la intimidad de la página, el susurro de la medianoche, ése que me hace meditar en las cosas que nunca nos planteamos a la luz del día, cuando otros asuntos acaparan nuestra atención. Más aquí de cuanto sucede afuera, encuentro ese espacio en el cual escritor y lector intercambian sus roles; de tal manera que, quien escribe, está leyendo desde otro nivel, y, quien lee, reescribe su forma de ver, sentir, escuchar…

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