Ahora es siempre

Desde hace algún tiempo, la máxima “vive el presente”, flota en las mentes como una invitación a soltar el peso del pasado y la incertidumbre ante tantos posibles futuros que están por determinarse. Ante tanta complejidad, el poder del ahora reclama nuestra atención como una actitud simple. Simplicidad que deja el camino despejado, libre, abierto, al menos por cada instante que la recordamos.

Al mismo tiempo, pareciera que avanzásemos mirando por el retrovisor, aunque sólo sea para advertir que los cambios y la evolución personal siguen su curso dentro y fuera de nosotros, seamos o no conscientes de cada “ahora” que los ha propiciado. Hoy se abre la flor de este día, y no es la flor sino apreciar una fragancia lo que nos acompaña toda la vida. O viceversa, hoy el invierno no tiene tantas flores y la queja por lo que falta es el hueco que el devenir no logra colmar, por muchos jardines que el futuro traiga consigo.

Desde esta perspectiva, cada actitud ante los hechos del hoy tiene una consecuencia en el ahora, pero también tiene efectos en el futuro de cualquier día indeterminado. Es decir, sin entrar en análisis minuciosos, sin necesidad de nuevos despliegues de energía personal, hoy, con la propia cualidad de ser acordes con lo que el momento nos pide, hacemos la siembra de armonía para lo que sea que el mañana nos presente. Y éste va siendo el tejido de esa maestría sin maestría hacia nosotros mismos, como aprendices del vivir.

Despreocupación entonces por lo que traerá el futuro y atención a la sustancia con la cual abonamos cada presente. Esas nuevas realidades posibles pueden ser más o menos satisfactorias, pero si no perdemos el poder del instante, la fuerza de cada “ahora”, hay una conquista de espacios, de seguridad íntima, de consistencia, de enraizamiento que entrega su savia a cualesquiera que sean las circunstancias venideras.

Por esto digo que es importante cómo afrontamos este “Ahora”, ya que es una decisión que, independientemente de los cambios que se manifiesten, influye para toda una vida en la cual, la transformación, es lo único que permanece por siempre.

Ternura

El rosal crece en un rincón sombrío del soportal de la casa.
Sus hojas cenicientas tocan espacios en mi ser que desconocen la luz.
Las ramas se estiran hacia la claridad,
buscando un rayo de sol que apenas las rozan.
Hay emociones que crecen torcidas,
desquiciándote y desquiciando sin medida.
Se dirigen hacia la luz atravesando incertidumbres, penumbras.
Se siente la ternura de su esfuerzo
cuando tocan los pétalos de tu alma.
Cuando, allí donde no se ve una flor, hueles el aroma de las rosas…

Importa el viaje

No importa la soledad o el desapego en esta indiferencia por cuanto me rodea.
No importa que los oídos se cierren, desatentos.
Importa la grandeza del viaje y la aventura de quien, en la quietud de su paz, escucha el ritmo de sus pasos componiendo una música que suena por dentro, mientras se respira el silencio.
Cuando se camina una considerable distancia hasta el campo deshabitado de personajes y de tu persona, cuando se recorre a oscuras un largo camino que no tiene señaladas las orillas, entonces ya sólo importa lo que es Real.
Porque entonces,
si a solas en ti,
al borde de un inmenso océano,
haces incursiones en el agua,
las preocupaciones desaparecen
y todos los asuntos quedan en su justo lugar…

Renovación

Solamente puede volver a llenarse
aquello que ha sido primeramente vaciado.
Para vivir cada segunda oportunidad,
nueva, única, no repetida,
también hay que derramarse de la propia historia personal.
Solamente en el vacío oculto
reverdece la esperanza que, transparente y silenciosa,
reclama el amanecer de una vida con Agua y Sed renovadas…

Transformación

Borro la idea del amor, y el amor Es.
Desaparecen las expectativas
y aparece lo incondicional.
Caen las barreras y brota la intimidad.
Entre ser y no ser, entre morir y vivir,
sólo permanece la transformación…