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Por detrás de lo que ves

El maquillaje suaviza
las arrugas de mi rostro
y recién he planchado
el traje que me ves.

Solamente el suelo sabe
que están rotas
las suelas de mis botas.

Sólo el cielo descubre
que también hay nubes
por detrás de mis ojos…

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La distancia justa

Pienso a veces en la distancia justa que mantenemos las personas para no invadirnos en nuestra intimidad ni sentir el frío de la lejanía.
Me gusta el lenguaje del abrazo porque, sin medidas ni palabras ni confusiones, dice claramente cuán lejos o unidos estamos…

agradecida por tantos abrazos que se manifestaron en el festival de ETNOSUR – Alcalá la Real – Jaén
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Tocar cielo

Hay momentos que llegan con las alas puestas y no necesitamos de escaleras para sentir, aleteando en ellos, el cielo, la magia, y ese saber directo tan inspirado e inspirador.
Hay momentos que construyen una escalera de creencias para subir al cielo y tocar el Misterio con la intensidad de una emoción o la punta de un pensamiento. Una escalera cada vez más lejana, por cierto, ya que del último afianzamiento de la conciencia surge el vértigo ante el vacío y la necesidad de otro peldaño con interpretaciones más supremas.
Y hay unos pocos momentos que configuran nuestras alas girando a la inversa las cosas y las formas, incluso las escaleras que conducen al cielo…

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Una piedra en el camino…

He tomado de la Montaña las piedras inertes, pensando que, por quererlas, porque me gustaron, tenía derecho a llevármelas conmigo. Y por cogerlas para mí he cargado con su peso, y me he lastimado con sus lamentos, y me he impacientado esperando que sientan el palpitar de un corazón, de la vida fluyendo por ellas.
Hasta que una piedra me habló hace poco y me dijo:
“Podrás llevarte a cuestas todos los peñascos acumulados en tu experiencia. Y porque te golpeas una y otra vez en esos riscos de la memoria, no estás sintiendo cómo la esencia de lo vivido corre como un río por tu sangre.”
Y le tuve que dar la razón a la piedra, porque es cierto, lo auténtico no pesa ni oprime. Lo verdadero nunca puede atraparse…

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Confianza

¿Te acuerdas? Fuimos aprendices mientras trazábamos el plano de encuentros y recorridos para encontrarnos.
Leímos en la biblioteca de los libros vivos, buscando historias en unas estanterías y en otras, con la única misión de no quedarnos dormidos en las páginas ya escritas, sino despiertos en cada renglón que trazase nuestra conciencia.
Nos acompañaba la confianza de despertarnos cuando quedásemos dormidos, o atrapados en un cuento de laberintos.
Pero la confianza no basta sin la voluntad de ser confiables.
Tus brazos dormidos, no alcanzan a alcanzarme.
Y, sin embargo, en algún horizonte de nuestro sueño común, me alcanza el amanecer de tu voz:
“Lo siento, me quedé atrapado en otro cuento.
Perdóname. No he despertado con la humedad de tus lágrimas ni con el fuego de tu rabia.
No he despertado hasta que no has gritado tu último grito, el que por fin ha liberado todo el dolor de tus entrañas y ha retumbado en esta página vacía donde no hay leña para encender más iras, ni agua para regar más desilusiones…”
Leímos como aprendices en los párrafos de la vida.
Despertemos ahora, y cumplamos con la única misión de activar las líneas de conciencia…

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