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Los Sueños

Me ha dicho un sueño en esta madrugada, que los sueños hay que protegerlos hasta que tienen suficiente fuerza para tomar vida y vivir, para formar cuerpo en la realidad.
Los sueños toman perfil, consistencia y carácter en la oscuridad, así como la semilla en las entrañas de la tierra, o así como el bebé que se fue gestando en el vientre materno, y al que el aire solamente toca y llena y alienta a través del grito que indica: “estoy listo para vivir”.
Cuando no ha nacido el grito, cuando sólo son rumores que difundo al vaivén de los vientos, los sueños se disipan en el aire, aunque despierten ecos que responden si son creíbles o son quimeras.
Ni unos ecos ni otros dan poder a mis sueños, es menos, me confundo con tantos supuestos y suposiciones, en lugar de proteger ese peculiar sueño que trae la fortaleza necesaria para hacerme más real…

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Melancolía

Si no sintiera melancolía, creería que ya he llegado, que ya soy plena.
No he conocido a ningún buscador que no sienta la nostalgia de regresar a casa. Ken Wilber lo desarrolla muy bien en su obra “Después del Edén”: “El ser humano ha creado un mundo de sustitutos que mitiguen la desazón por haber perdido su paraíso”…
La desazón de este asunto no está precisamente en el disfrute de esos sustitutos, ¡ojalá nos colmaran de satisfacción! sino en esa ansiedad que genera, sin saciarse, más y más sustitutos que colmen el hueco vacío.
La euforia de conseguir un logro nunca se sostiene por sí misma, se alimenta de verbos como conseguir, alcanzar, tener, lograr, querer… se sujeta a la impermanencia.
Tal vez por esto, la euforia es tan contagiosa, un estallido de masas.
¡Ah! Pero yo vine a decir algo de la melancolía. Esa música callada que suena en la intimidad y que me recuerda un “no sé qué lugar”…

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Tan Naturales como Tú

Detrás de la presentación tan genuina que Miguel Ángel Barcelona hace de mí en su programa semanal “Tan Naturales Como Tú“, hay un antes y un después. Un antes en el que las circunstancias me permiten, durante una década, darle extensión y vivencias a una búsqueda.
Extensión por los muchos desplazamientos, en distintas geografías, cruzando incluso el océano. Vivencia por entrar en contacto directo con tantas personas a través de Ferias, Encuentros, Charlas…
Porque, si bien es cierto que escribir es una forma entre otras de abstraerse del mundo, en mi caso ha sido al contrario, Libros con Corazón, y también el impulso de expandirlos, han abierto el camino para acercarme a personas maravillosas, y vivir encuentros mágicos que dejan su huella en las páginas vitales; no tanto por el tiempo compartido, sino por la intensidad del reconocimiento que nos damos al mirarnos y vernos, en eso mismo que tanto se respira en las ondas de este programa de radio: en Esencia…

Aquí comparto el enlace a la emisión, para quienes queráis disfrutar de un rato entrañable de radio…

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Cuenca Lee

Como un pato en las aguas del río Huécar… como un mirlo silbando al viento en las ramas desnudas de un árbol… como una piedra en volandas de nubosos prados… Así escribí otra página en la Feria del Libro de Cuenca… Y así recibí a tantos soles que se detuvieron un rato a leer, y dejarse ver, por estas Miradas Peregrinas

¡Gracias, amig@s conquenses, por tantos regalos que dejásteis a vuestro paso por el stand de Librería Hamburgo!

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La Puerta del Amor

El amor es un fuego que se nos regala.
Lo agradeces con creces cuando has caminado con frío, con barro, con la ropa empapada por la lluvia del último invierno.
Es un regalo ver una chimenea humeante y resplandor de llamas en la ventana de una casa.
Y es un reclamo cuando llamas a la puerta, pidiendo calor de hogar, calor de compañía, alivio de poder al fin descansar.
Hay muchas formas de llamar a la puerta de un corazón, de un hogar.
A veces la aldaba suena a “¡mira lo que te traigo!”; y en ocasiones repica un “¿qué tienes para mí?”
El amor siempre abre en silencio, toma lo que traes y entrega lo que necesitas.
Hay quienes no llaman a ninguna puerta.
O quien lo hace sólo después de la misma batalla,
quizá tras haberte perdido en la propia tozudez,
acaso por el agotamiento de hacerle un pulso a la vida y demostrar que tú puedes, por ti mismamente, que tú puedes con todo, con todo lo que te echen o te eches encima.
Entonces sí llamas, justo cuando descubres que ese “todo” es ilimitado, y tus fuerzas no lo son.
Hay muchos motivos para llamar a la puerta del amor.
No te abrumes si es por cansancio o derrota, porque es el Amor quien sale a recibirte.
Puede que al principio no le veas, que solo busques la lumbre encendida y a ese calor te entregues, porque tu alma siente frío.
Pero la noche es larga y siempre llega el momento en que deshaces tu equipaje y vistes al amor con tus ropajes.
El amor es una gran compañía. Sonríe siempre en tu corazón. No lo tomes a mal si se pone lo que traes y te regala lo que necesitas.

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