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De llaves y de claves

Estuve revisando el libro Semillas de un Sueño, antes de subirlo a la plataforma digital de Bubok… Y es curioso cómo vuelvo a vivir algunos párrafos, aunque de otra manera. Y me parece mágico que, haciendo las correcciones sobre la pantalla del ordenador, también fui haciéndolas en mi página interna actual, ésa donde los hechos ponen de manifiesto que “no me sirven las llaves de ayer para abrir la puerta de hoy.”

No hay puertas que cruzar ante una mirada que viaja a cielo abierto y ve la luz antes de que sus rayos toquen la faz de los días, los relieves de lo concreto, traspasando después las madrigueras psíquicas donde a veces se quedan atrapadas las alegrías.

Sin llaves ni puertas, respiro la esperanza que me regala la levedad del vuelo, y se renueva en mí la confianza de que todo está bien y estará mejor, si cabe la mejoría…

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Tiempos sin tiempo

El tiempo es elástico y a veces se sale por las esquinas del reloj y del calendario.
Existen horas en las que se crece de golpe, como si incontables minutos palpitasen en el tic-tac de un segundo.
Son esos pequeños instantes que abarcan una inmensidad; minúsculos momentos, eternos y pasajeros, en un visto y no visto que te envuelve completamente sin dejarse atrapar.
Existen días en los que se crece rápido, que maduran los frutos en un abrir y cerrar de ojos, como si la lluvia cantase una canción que sólo escucha el sol en tu corazón, y al son de sus notas bailaran las estaciones vividas con tiempos inéditos que aún no han nacido…

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Tan cierto como el amor

Todas las letras responden a un único lenguaje, el lenguaje del amor, cuando es el amor quien dicta las palabras.
Pero, el amor, más que las palabras, es la vivencia que llevamos dentro impulsando con fuerza inagotable por convertirse en otra primera vez que rompe moldes caducados, a plenitud de presente, sin necesidad de congeladores mentales.
Es la fuerza natural del amor que navega sin hundirse por los confines de otra persona que no sea una misma, siempre “auto-misma” dentro de la misma canción: “yo-mi-me-conmigo”. Es probar ese salto del uno al dos, tan corto y pequeño como parece, pero que sigue siendo un gran salto, acaso tan grande como el que nos hizo saltar del cero al uno, de la nada a la vida.
Un poco que pone la propia naturaleza en vivir la experiencia y otro poco que pone la fuerza del amor. Se aúnan ambas fuerzas y dan como resultado un “en amor darse”, un poco más y un poco mejor cada día. Un poco más hacia fuera de los escondrijos y los rinconcillos reservados para amar, desnudos cada vez más de los eufemismos de no querernos ver como somos en realidad.
El amor, todos queremos el amor. Todos vamos detrás del amor, como vamos detrás de la felicidad, buscando la línea de autobús o la línea ferroviaria y los horarios del amor y de la felicidad. Y ya de paso, el éxito, la aceptación, la abundancia… Queremos el todo completo porque, vivido por partes, pareciera que nos cayésemos por los huecos de lo que falta.
Por eso el amor es un extenderse hacia delante y es un adentrarse hacia la raíz de nuestras motivaciones. Y es un cultivar la paz como trasfondo que sostiene nuestros extravíos y caídas, como sustancia que llena el vacío. Algo tan simple (y tan complicado) como estar en armonía con el momento y entorno que nos toca vivir, sin abrir nuevas fisuras porque nuestros semejantes están de acuerdo con lo que su momento les pide que vivan.
El amor, tan verdadero como el aire, tan cierto como la luz de la noche y la del día…

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Travesías reales y virtuales

Los sujetos virtuales nos parecemos a torbellinos de sentimientos, las más de las veces sin control, que circulamos en el caos de «todas las direcciones» sin mesura, orden ni concierto.
No digo que seamos náufragos, porque para ser náufrago hay que vivir el sentimiento de naufragio.
No digo, tampoco, que naveguemos a la deriva, porque para ir a la deriva es necesario saberse con el rumbo perdido de antemano.
Digo solamente que vivimos en el «todas direcciones» de este océano cibernético, sujetando la cresta del oleaje por breves instantes de adhesiones saladas o rechazos que reclaman su sal.
El Océano Real, mientras, sostiene imperturbable nuestro tránsito por la vida, cuando la trama principal de nuestras realidades nos devuelve irremediablemente al fondo y el dónde y el «de qué manera» y «en qué momento» nos hallamos en nuestra travesía personal…

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Ternura

El rosal crece en un rincón sombrío del soportal de la casa.
Sus hojas cenicientas tocan espacios en mi ser que desconocen la luz.
Las ramas se estiran hacia la claridad,
buscando un rayo de sol que apenas las rozan.
Hay emociones que crecen torcidas,
desquiciándote y desquiciando sin medida.
Se dirigen hacia la luz atravesando incertidumbres, penumbras.
Se siente la ternura de su esfuerzo
cuando tocan los pétalos de tu alma.
Cuando, allí donde no se ve una flor, hueles el aroma de las rosas…

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