02-10-2009 – Reencuentro en Bamboo Zen Dôjô
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El Poder Sanador de la Palabra
Antes de que las palabras definieran el mundo, incluso mucho antes de que el verbo hubiese nacido, hubo un rumor de posibilidades que reclamaban por definirse, por tomar forma. En aquella especie de mundo sin mundo todavía, las palabras no existían; sólo se apreciaba la negrura en las serenas madrugadas sin nombre, el lentísimo flujo de evos y evos sin un propósito, la sorpresa de que nadie se hiciese una pregunta…
Hasta que surgió la primera Palabra, ni grande ni pequeña puesto que era única como una luz indivisa, y brilló en la oscuridad para que el mundo existiera, para darle el ser a todas las cosas. El inquieto mundo giró alrededor de la Palabra luminosa, la vida creció sigilosa en el oscuro seno de la tierra y proliferaron las formas. Las palabras se multiplicaron, cazaron conceptos y sembraron ideas que el viento soplaba en todas las direcciones para que el Conocimiento llegase a todos los rincones de la creación.
Sucedió, sin embargo, que un día la palabra fue apresada en páginas, constreñida en los límites de los paradigmas mentales. El conocimiento, separado de la lluvia purificadora, del viento dispersivo, del fuego transmutador, de la tierra fecunda, se adormeció en el silencio, cayendo en el perpetuo sopor de las tumbas del olvido. Aquellas ideas que vertebraron el mundo fueron eclipsadas por capas y capas de información, sin que apenas nadie rascara en lo profundo en busca de las grandes verdades inscritas en cada nombre. Como consecuencia fue decreciendo la magnificencia de los ideales, ensombreciéndose los corazones en las inercias de la costumbre.
No obstante, en algunos espacios todavía se escuchan rumores que remiten a esa Verdad olvidada, y aquéllos que ponen atención hasta pueden oír las voces que se han negado a sucumbir al sopor de los tiempos. Aún quedan palabras que obedecen a un sueño antiguo como el inscrito en los primeros pergaminos, donde quedaron grabadas las huellas de la levedad del ser, el símbolo de la materia viva, los números cuando todavía eran partículas desordenadas, los colores del Arco Iris asomando detrás de las figuraciones líquidas, la geometría sagrada emergiendo de un círculo de piedras, la vibración del cuarzo remitiendo al sonido primordial… Muchos son los misterios que esconden los nombres, océanos en suspenso que abrazan la luz del verbo primitivo. Pues la luz siempre acecha en la inmensidad de un horizonte donde perderse parece inevitable. Hiere como un rayo que despierta más allá de lo sostenible, llamando a la completa vigilia, esa donde la mente se incendiaría toda…
¡¡¡Gracias, gracias, gracias, amig@s de Bamboo Zen, por ese compartir abierto donde encontramos la paz y la belleza, como girasoles que miran inocentes y puros al sol de la consciencia!!!
