Elegir sin rechazar

El amor, el verdadero Amor, pone siempre la gran prueba de amar aquello que no aceptas por no comprenderlo; conduce siempre a la fusión, a la totalidad. Y cómo podemos ser totales si no aceptamos cosas nuestras o de los demás…

La clave del asunto está en afirmar tu senda en la constante encrucijada de caminos sin que esto suponga un rechazo de las otras direcciones. Soltar es elegir sin rechazar, puesto que de lo contrario vas cargando en tu pensamiento, en tus emociones, en tu particular mochila, el peso de lo que quieres dejar atrás…

El punto inicial

Transformar la Mirada es más que proyectar de otra manera o reaccionar de otra forma.
Transformar la Mirada es ver la secuencia completa, comprender el lenguaje en una trayectoria, ya sea personal o colectiva, y borrar el renglón antes de poner el punto inicial, o sea, Ahora.
El punto de inicio no es pasado, es Ahora, porque en cada presente se genera el devenir.
Y, al llegar a ese punto de inicio, a esa primera proyección que detona la vivencia, reir con el sol, o sonreír, así como sonríe la Gran Mirada.
Sonrisa que no es autocomplaciente sino comprensión.
Comprensión que no es intelectual sino claridad.
Claridad que no tiene ya sombras puesto que abarca todos los ángulos y penetra todos los enfoques, viéndolos como partícipes de una única verdad.
Entonces no hay luz ni sombras… sólo claridad…
Paz en lo que Es y con lo que está siendo…

De nieblas y colores

El sol asoma por el horizonte con una claridad de neblina azulada, de perfumes oceánicos y clamor de sueños que se van durmiendo hasta que la siguiente noche los despierte.
En el lienzo del día, pareciera que el pintor invisible no tuviese otros colores que el azul intenso del mar y el verde vivo de los campos.
En la neblina de la mañana están escondidos todos los colores y matices de la luz; podemos imaginarlos e interpretarlos mientras la niebla se levanta,
pero es la Realidad la que los hace visibles en cada mirada…

Madre Tierra

En el ejercicio de relacionarme con la Madre Tierra se ha ido configurando la Medicina de las Relaciones, basándome en el desarrollo de mi propia relación con la naturaleza. Las relaciones naturales no dejan cabida al conflicto. La vida toma de la vida y crece la vida. Desde el prisma humano se podría considerar muerte, o conflicto, lo que la vida ha transformado en más vida, pero cuando siento lo que desprende un paraje virgen y natural, intuitivamente comprendo que, pese a que vida y muerte, adhesión y rechazo, danzan al unísono en el hábitat, el resultado siempre es una sensación de vitalidad, de fuerza, de salud, de equilibrio.

Gaia nos enseña a relacionarnos desde esa armonía, desde ese intercambio energético que genera más energía, traduciéndose en más conciencia para la naturaleza humana. Y también nos indica, en la manera de acercarnos a Ella, cómo es nuestra actitud de relacionamiento a todos y en todos los niveles. A veces la vemos útil y utilizamos sus recursos, así como establecemos relaciones de interés en nuestras vidas. Otras veces la amamos y disfrutamos a ratos de su abrazo y de la belleza de sus paisajes, como esas relaciones sin compromiso que tanto abundan en estos tiempos. La mayoría de las veces ni siquiera nos acercamos ni la sentimos, aunque nos gusta mirar las espectaculares fotos de National Geographic que circulan en Internet… Sea cual fuere la manera en que la vivimos, lo cierto es que la Madre Tierra sigue cumpliendo con su compromiso, sosteniéndose y sosteniéndonos en sus ciclos.

Gaia sigue creando vida mientras aprendo a no contaminarla ni contaminar mis relaciones personales… a no derrochar los recursos que me ofrece para no ir generando deudas colaterales… a descubrirme en cada una de sus estaciones, notando la intensidad de mis primaveras interiores, la abundancia de mis veranos, la serenidad en mis otoños… Y aunque los fríos me encogen mostrándome la fragilidad del ser humano educado en la individualidad, comprendo finalmente que es la dureza de mis inviernos la que fortalece el compromiso de mi relación con la vida, con los demás y conmigo misma…

Inteligencia Sensitiva

Creo que fue el filósofo Wittgenstein quien dijo que los límites de nuestra realidad son los límites de nuestro lenguaje.

Quizás al intentar comprender mis sentimientos les doy más realidad y extensión de la que éstos merecen. Acaso todo sea tan simple como dejarse sentir lo que sea que en cada momento siento y no atrapar ninguna sensación dentro del contorno de las palabras, ni siquiera dentro de los marcos de la memoria. Tan simple todo como dejarle su curso a las aguas emocionales, y su paradigma a las ideas, y su campo de experiencia a las circunstancias.

Sin embargo, la Gran Inteligencia ha querido que los elementos se mezclen y se necesiten, que las aguas fluyan ligeras por una cuenca sólida, que la tierra sea fértil gracias a la lluvia, que el soplo del aire avive un fuego… que las personas nos retroalimentemos sin anegarnos ni devorarnos…

“Los límites de la realidad son los límites del lenguaje”, dice alguien; pero ahora ya no veo límites, sino Inteligencia Sensitiva entre esa mirada que define y esa realidad que se lo vive…