Tocar cielo

Hay criaturas que llegan con las alas puestas y no necesitan de escaleras para sentir, aleteando en ellas, el cielo, la magia, y ese saber directo tan inspirado e inspirador.
Hay criaturas que construyen una escalera de creencias para subir al cielo y tocar el Misterio con la intensidad de una emoción o la punta de un pensamiento. Una escalera cada vez más lejana, por cierto, ya que del último afianzamiento de la conciencia surge el vértigo ante el vacío y la necesidad de otro peldaño con interpretaciones más supremas.
Y hay unas pocas criaturas que configuran sus alas girando a la inversa las cosas y las formas, incluso las escaleras que conducen al cielo…

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Una piedra en el camino…

He tomado de la Montaña las piedras inertes, pensando que, por quererlas, porque me gustaron, tenía derecho a llevármelas conmigo. Y por cogerlas para mí he cargado con su peso, y me he lastimado con sus lamentos, y me he impacientado esperando que sientan el palpitar de un corazón, de la vida fluyendo por ellas.
Hasta que una piedra me habló hace poco y me dijo:
“Podrás llevarte a cuestas todos los peñascos acumulados en tu experiencia. Y porque te golpeas una y otra vez en esos riscos de la memoria, no estás sintiendo cómo la esencia de lo vivido corre como un río por tu sangre.”
Y le tuve que dar la razón a la piedra, porque es cierto, lo auténtico no pesa ni oprime. Lo verdadero nunca puede atraparse…

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Confianza

¿Te acuerdas? Fuimos aprendices mientras trazábamos el plano de encuentros y recorridos para encontrarnos.
Leímos en la biblioteca de los libros vivos, buscando historias en unas estanterías y en otras, con la única misión de no quedarnos dormidos en las páginas ya escritas, sino despiertos en cada renglón que trazase nuestra conciencia.
Nos acompañaba la confianza de despertarnos cuando quedásemos dormidos, o atrapados en un cuento de laberintos.
Pero la confianza no basta sin la voluntad de ser confiables.
Tus brazos dormidos, no alcanzan a alcanzarme.
Y, sin embargo, en algún horizonte de nuestro sueño común, me alcanza el amanecer de tu voz:
“Lo siento, me quedé atrapado en otro cuento.
Perdóname. No he despertado con la humedad de tus lágrimas ni con el fuego de tu rabia.
No he despertado hasta que no has gritado tu último grito, el que por fin ha liberado todo el dolor de tus entrañas y ha retumbado en esta página vacía donde no hay leña para encender más iras, ni agua para regar más desilusiones…”
Leímos como aprendices en los párrafos de la vida.
Despertemos ahora, y cumplamos con la única misión de activar las líneas de conciencia…

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Voluntad

Pensé que el peregrino viaje tocaba a su fin, que había llegado al límite de las fronteras y de los sueños.
Pensé que la senda se extinguía bajo los pasos, como un sueño harto de soñar se dispersa con el despertar.
Pensé agotadas las provisiones de empeño y de ilusiones, y abordaba el momento de las despedidas con miradas taciturnas…
Pero la voluntad rehuye las tumbas; no acepta un final sin punto de comienzo.
¡Y fíjate cómo suceden los ciclos!
Cuando los viejos dichos languidecen en el crepúsculo, las nuevas melodías cantan al sol de la alborada.
Donde los viejos caminos se borran, los pies de ahora abren una vereda bordeada de des-conocimiento y de misterio.
Mientras se desdibuja la faz de antiguas quimeras, las nuevas arrugas dibujan el mapa de un rostro más verdadero…

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Ternura

El rosal crece en un rincón sombrío del soportal de la casa.
Sus hojas cenicientas tocan espacios en mi ser que desconocen la luz.
Las ramas se estiran hacia la claridad,
buscando un rayo de sol que apenas las rozan.
Hay emociones que crecen torcidas,
desquiciándote y desquiciando sin medida.
Se dirigen hacia la luz atravesando incertidumbres, penumbras.
Se siente la ternura de su esfuerzo
cuando tocan los pétalos de tu alma.
Cuando, allí donde no se ve una flor, hueles el aroma de las rosas…

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