Hay días…

Hay días, días normales, días cualesquiera, que no necesitan de un pregón municipal para anunciar el júbilo de la luz solar, de su bienvenida y llegada. Días que llegan sin cohorte de guardia ni cítaras que anuncien la visita memorable del sol.
Y es que todos los días ocurren milagros, aunque no todas las horas tengan ese significado de satisfacción personal: me refiero a esas horas y horas que nos llevan de exploradores a caminar por un bosque donde la frondosidad logra desorientarnos. Y, aunque nada es adorno en la naturaleza vegetal (ni siquiera estorban las hojas que impiden ver los caminos), en la naturaleza humana es cada cual quien decide sobre las cosas dispersas, las puras distracciones que dispersan de ver el puñado de cosas esenciales, básicas, que llenan de sentido y dan de lleno en la diana del “qué es importante y qué es accesorio de vivirnos”.
Todos los días tenemos un bosque de acontecimientos que atravesar. Y, en esa amalgama de sucesos, importa mucho el proceso de selección personal: de qué es valioso y qué es adorno. Esto lo saben las personas enamoradas. Lo saben muy bien las personas que disfrutan y trasladan en sus silentes gestos el secreto del amor. Y lo saben sobre todo las personas que, aun sufriendo el dolor y la incertidumbre, agradecen a la muerte por concederles un día cualquiera más.
Hay días, esos días, tan normales ellos, que quizá tienen una sola noticia. Pero, bien verdad es, que una sola noticia vale por mil mensajes si clarea en un corazón con su luz natural…

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Publicado por

Angela Castillo

Aprendiza de Poetisa Maga