Sin prisas

Cuando era niña iba con mis padres a recoger aceitunas a una ladera sombría que, orientada hacia el norte, el sol no tocaba hasta bien avanzado el día. Mis ojos miraban con impaciencia cómo los rayos dorados iban deslizándose por la ladera de enfrente (avanzaban tan despacio), y mis manos heladas querían empujarle al sol para que llegase cuanto antes a mi cuerpo…
Acaso por impaciencia o quizá por falta de resistencia ante los fríos de la vida, he dejado mi sitio muchas veces para ir a buscar el sol del corazón en otras laderas del mundo. Hoy, después de tantos desplazamientos, tan sólo confío en que el Amor siempre está alumbrando y que su resplandor llega cuando tiene que llegar. Hoy estoy aprendiendo a esperarle sin prisas…

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Publicado por

Angela

Aprendiza de Poetisa Maga